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	<title>Solange Vernon</title>
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	<description>La chispa de la vida no se bebe, se construye cada día, mejor si es en compañía de literatura</description>
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	<title>Solange Vernon</title>
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		<title>Carta a Carmen Martín Gaite</title>
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		<dc:creator><![CDATA[solangev]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Dec 2025 15:48:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Chispazos]]></category>
		<category><![CDATA[CarmenMartínGaite]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevisillos]]></category>
		<category><![CDATA[escrituramujeres horaazul]]></category>
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		<category><![CDATA[nubosidadvariable]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esta carta está recogida en la antología de escritoras sin síndrome de la impostora, tras la lectura del libro maravilloso de Andrea Mateos: Impostora. Un retrato silvestre para reivindicar la escritura propia. Madrid, en alguna fecha incierta de esta vida loca Querida Carmen: ¿Cómo estás? Por aquí ando con nubosidad variable, tanto en el ambiente como en mi cabeza, pero por fin he podido sentarme a dedicarte unas líneas. La culpa es de otra escritora: Andrea Mateos, que acaba de regalarnos, a las mujeres de La Resistencia Literaria, un retrato silvestre para reivindicar la escritura propia. No imaginas la emoción que hemos sentido todas al leer sus textos y vernos reflejadas en sus letras. Ay, Carmen, tienes que unirte a uno de nuestros aquelarres. No temas, no somos sectarias ni tendrás nada que hacer. Algunos, tal vez, te digan que es un club, una sociedad literaria o incluso una plataforma de indignadas, pero te diría que es todo mucho más sencillo. Tan solo somos una resistencia silenciosa, ni siquiera organizada, que lo único que busca es vivir, no solo entre visillos o en los márgenes, sino también ocupar calles y espacios. Tú ya me entiendes: convertirnos en paseantes que escriben y leen, que anotan y observan. Sí, somos esas que llevamos libros y magia en bolsas de tela —que llaman ahora tote bags—, o esas otras que llevabas tú, de redecilla beige, junto a los limones y el manojo de acelgas del mercado. Somos las que nos pasamos de parada de autobús por culpa de un capítulo más o las que preferimos pasar la noche con un buen libro en lugar de con un mal amante. La Resistencia Literaria la crean mujeres vivas y muertas, con caminos hechos y senderos nuevos por hacer. Como tú. He tenido la suerte de encontrarme ya con algunas de ellas: Andrea, May, Virginia, Mary, Esmeralda, Valeria, Vanessa, Rosa, Sylvia, Annie, Begoña, Marta, Sofía, Mariana, Raquel, Sabela, Cristina, Sara, Irene, Alba, Laura, Yolanda… ¡pero tengo tantas pendientes de conocer!: Elena, Marguerite, Clara, María Mercedes, Joanna… El listado no terminaría nunca. Cada una de estas mujeres es un faro que me transporta con su luz a otro con el que alumbrarme. Por todas ellas circulan ríos desbordados de tinta que nos llevan de la una a la otra, como una ramificación neuronal silente que grita y nos interpela a tomar la pluma y no parar de atrapar la vida en servilletas, tickets y libretas. Pero no me enrollo más. Como te decía, por fin pude sentarme hoy en mi escritorio, es decir, la mesa del salón donde comemos, ordeno las facturas y hacen los deberes las niñas. He comenzado de madrugada, decidida a recuperar la magia de las relaciones epistolares, esas que en mi adolescencia me hacían odiar los domingos, porque no había correo ni cartero que pudiera traer las buenas nuevas de cualquiera de mis amigas o de mis amores frustrados. Como te digo, estaba yo en ese momento que llaman la hora azul, esa que, desde mi ventana, convierte las tejas envejecidas de la casa de enfrente en promesa de vida en calma que luego nunca es. Es ese momento en el que una quiere romantizar su día, mirar el horizonte y pensar que tiene un par de horas para escribir y ser. Sí, ser yo, sin etiquetas de madre, amiga, esposa, trabajadora, hija o persona amable que te encuentras en el ascensor. Ese momento. Ese que es una suerte de plenitud. ¿Es horrible pensar que solo ahí, fugazmente, somos? Sería tan triste… Me quedaré con la frase de Walt Whitman que dice que “contenemos multitudes”. Sí, eso es. Nos diremos que estamos llenas de universos y ambivalencias. Que me lo digan cuando peino a mis hijas y no reconozco esas manos que trenzan su pelo mientras piensan cómo sacar tiempo para trenzar historias.&#160; ¿Se puede estar aquí y allí a la vez? ¿Se puede ser una y contener todas las maternidades e identidades que nos hemos ido creando? La hibridez y la contradicción están en mi ADN como tatuajes de fuego. Querida Carmen, las luces del obrador de debajo de casa ya están prendidas y casi puedo oler los bollos de leche que empiezan a hornear. Prendido está también mi deseo de escribir. El deseo es importante: es el disparadero de todo lo demás. Son las 6:30. Aún hay tiempo, me digo, y sigo soñando con la tinta y el trazo sobre el papel. Ingenua. La llamada del viento en una ventana mal cerrada nos ha devuelto a lo doméstico: Portazo y grito desgarrador de una niña asustada. —¡Mamaaaá! Maldigo la ventana y a mí misma por no haber revisado cada detalle antes de poner negro sobre blanco. Ya me sé el final de esta función: adiós a la tinta hasta la hora verde o cualquiera que sea el color que toque. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;{&#160; &#160; la vida &#160; &#160; &#160; } Amiga, ya he vuelto, ya sabes que quienes escribimos lo hacemos en huecos y rincones, en la hora amarilla, negra, violeta o naranja, en la hora turbia, y, con suerte, en la hora de la aurora boreal, esa en la que se produce el milagro y, de repente, sabes que es ahí, y que solo por ese instante, valió la pena. Son las tres y me está entrando sueño. Estoy deseando saber lo que piensas de toda esta verborrea de madrugadas y madrugones, hecha de los jirones de esas mujeres que soy. Te seguiré escribiendo para ser y narrarme, para retozar en todas mis vidas.&#160; Desde ya, gracias, amiga. Me narro porque sabes leerme, porque juntas nos relatamos. Voy a apagar la luz. Buenas noches, estés donde estés. Te volveré a escribir desde el cuarto de atrás. Tuya y todo eso,Lara&#160; P.D. Pronto recibirás la notificación de tu registro en La Resistencia Literaria. Me tomaré la libertad de inscribirte directamente sin esperar tu respuesta.</p>
<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/carta-a-carmen-martin-gaite/">Carta a Carmen Martín Gaite</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Esta carta está recogida en la antología de escritoras sin síndrome de la impostora, tras la lectura del libro maravilloso de Andrea Mateos: <strong>Impostora. Un retrato silvestre para reivindicar la escritura propia.</strong></em></p>



<p></p>



<p class="has-text-align-right">Madrid, en alguna fecha incierta de esta vida loca</p>



<p>Querida Carmen:</p>



<p>¿Cómo estás? Por aquí ando con <em>nubosidad variable</em>, tanto en el ambiente como en mi cabeza, pero por fin he podido sentarme a dedicarte unas líneas.</p>



<p>La culpa es de otra escritora: Andrea Mateos, que acaba de regalarnos, a las mujeres de La Resistencia Literaria, un retrato silvestre para reivindicar la escritura propia. No imaginas la emoción que hemos sentido todas al leer sus textos y vernos reflejadas en sus letras.</p>



<p>Ay, Carmen, tienes que unirte a uno de nuestros aquelarres. No temas, no somos sectarias ni tendrás nada que hacer. Algunos, tal vez, te digan que es un club, una sociedad literaria o incluso una plataforma de indignadas, pero te diría que es todo mucho más sencillo. Tan solo somos una resistencia silenciosa, ni siquiera organizada, que lo único que busca es vivir, no solo <em>entre visillos </em>o en los márgenes, sino también ocupar calles y espacios.</p>



<p>Tú ya me entiendes: convertirnos en paseantes que escriben y leen, que anotan y observan. Sí, somos esas que llevamos libros y magia en bolsas de tela —que llaman ahora <em>tote bags</em>—, o esas otras que llevabas tú, de redecilla beige, junto a los limones y el manojo de acelgas del mercado. Somos las que nos pasamos de parada de autobús por culpa de un capítulo más o las que preferimos pasar la noche con un buen libro en lugar de con un mal amante.</p>



<p>La Resistencia Literaria la crean mujeres vivas y muertas, con caminos hechos y senderos nuevos por hacer. Como tú. He tenido la suerte de encontrarme ya con algunas de ellas: Andrea, May, Virginia, Mary, Esmeralda, Valeria, Vanessa, Rosa, Sylvia, Annie, Begoña, Marta, Sofía, Mariana, Raquel, Sabela, Cristina, Sara, Irene, Alba, Laura, Yolanda… ¡pero tengo tantas pendientes de conocer!: Elena, Marguerite, Clara, María Mercedes, Joanna… El listado no terminaría nunca.</p>



<p>Cada una de estas mujeres es un faro que me transporta con su luz a otro con el que alumbrarme. Por todas ellas circulan ríos desbordados de tinta que nos llevan de la una a la otra, como una ramificación neuronal silente que grita y nos interpela a tomar la pluma y no parar de atrapar la vida en servilletas, tickets y libretas.</p>



<p>Pero no me enrollo más. Como te decía, por fin pude sentarme hoy en mi escritorio, es decir, la mesa del salón donde comemos, ordeno las facturas y hacen los deberes las niñas. He comenzado de madrugada, decidida a recuperar la magia de las relaciones epistolares, esas que en mi adolescencia me hacían odiar los domingos, porque no había correo ni cartero que pudiera traer las buenas nuevas de cualquiera de mis amigas o de mis amores frustrados.</p>



<p>Como te digo, estaba yo en ese momento que llaman <em>la hora azul</em>, esa que, desde mi ventana, convierte las tejas envejecidas de la casa de enfrente en promesa de vida en calma que luego nunca es. Es ese momento en el que una quiere romantizar su día, mirar el horizonte y pensar que tiene un par de horas para escribir y ser.</p>



<p>Sí, ser yo, sin etiquetas de madre, amiga, esposa, trabajadora, hija o persona amable que te encuentras en el ascensor. Ese momento. Ese que es una suerte de plenitud.</p>



<p>¿Es horrible pensar que solo ahí, fugazmente, somos? Sería tan triste…</p>



<p>Me quedaré con la frase de Walt Whitman que dice que “contenemos multitudes”. Sí, eso es. Nos diremos que estamos llenas de universos y ambivalencias. Que me lo digan cuando peino a mis hijas y no reconozco esas manos que trenzan su pelo mientras piensan cómo sacar tiempo para trenzar historias.&nbsp;</p>



<p>¿Se puede estar aquí y allí a la vez? ¿Se puede ser una y contener todas las maternidades e identidades que nos hemos ido creando? La hibridez y la contradicción están en mi ADN como tatuajes de fuego.</p>



<p>Querida Carmen, las luces del obrador de debajo de casa ya están prendidas y casi puedo oler los bollos de leche que empiezan a hornear. Prendido está también mi deseo de escribir. El deseo es importante: es el disparadero de todo lo demás.</p>



<p>Son las 6:30. Aún hay tiempo, me digo, y sigo soñando con la tinta y el trazo sobre el papel. Ingenua. La llamada del viento en una ventana mal cerrada nos ha devuelto a lo doméstico: Portazo y grito desgarrador de una niña asustada.</p>



<p>—¡Mamaaaá!</p>



<p>Maldigo la ventana y a mí misma por no haber revisado cada detalle antes de poner negro sobre blanco. Ya me sé el final de esta función: adiós a la tinta hasta la hora verde o cualquiera que sea el color que toque.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;{&nbsp; &nbsp; la vida &nbsp; &nbsp; &nbsp; }</p>



<p>Amiga, ya he vuelto, ya sabes que quienes escribimos lo hacemos en huecos y rincones, en la hora amarilla, negra, violeta o naranja, en la hora turbia, y, con suerte, en la hora de la aurora boreal, esa en la que se produce el milagro y, de repente, sabes que es ahí, y que solo por ese instante, valió la pena.</p>



<p>Son las tres y me está entrando sueño. Estoy deseando saber lo que piensas de toda esta verborrea de madrugadas y madrugones, hecha de los jirones de esas mujeres que soy. Te seguiré escribiendo para ser y narrarme, para retozar en todas mis vidas.&nbsp;</p>



<p>Desde ya, gracias, amiga. Me narro porque sabes leerme, porque juntas nos relatamos. Voy a apagar la luz. Buenas noches, estés donde estés. Te volveré a escribir desde <em>el cuarto de atrás.</em></p>



<p>Tuya y todo eso,<br>Lara&nbsp;</p>



<p>P.D. Pronto recibirás la notificación de tu registro en La Resistencia Literaria. Me tomaré la libertad de inscribirte directamente sin esperar tu respuesta.</p>
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		<title>¿Por qué este desasosiego?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[solangev]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Nov 2023 15:26:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Chispazos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Si no te abrasaste la lengua con la sopa, si los plátanos siguen amarillos en el frutero, si pillaste paraguas antes de salir de casa, si hiciste el disfraz para el cole o lo compraste ya en Amazon, si los niños están bien, tu marido está bien, tu abuela cumplió 100 años, tu madre tomó la pastilla azul, si el bus verde llegó en hora, fuiste a la pelu a cubrir tus canas,  compraste una crema con retinol, si aplicas contorno de ojos a la noche, si no te faltan dientes, si tuviste una moneda que poner debajo de la almohada de tus hijos -de parte del Ratón Pérez-, si tu colon irritable ya no es, si puedes ir al cine hoy,  comprar de vez en cuando café specialty, si pagaste tu hipoteca, tienes seguro de la casa, hiciste ya un bizum para ese regalo de alguien que no te importa, si presumes de haberte construido a ti misma, si el covid no te mató a nadie cercano, si el cáncer te mató a menos que a otros, si eres piscis,  soñadora, si haces el amor y foll&#38;% con él mismo -como crees que debe ser-, si encontraste tu anillo de casada dos horas después en el baño de aquel bar (porque nadie lo quiso), si tus hijos tienen mantas, sale agua del grifo, te sale un gazpacho más que decente, tienes una olla express para hacer cocido, adoras a tu suegra, tu jefe te cae bien, vives en una zona sin terremotos, si hoy ya escribiste tus morning pages, bebiste dos litros de agua e hiciste 10 minutos de meditación con una vela de soja vegetal, si ya comiste quinoa esta semana y sabes hacer un brunch con huevos poché, si el que tiró una cajetilla de tabaco vacía por la ventanilla del coche no es de tu familia, si no tienes 87 años y no necesitabas ese asiento en el metro que nadie cedió, si tus articulacioens aún te responden como deseas, entonces si todo está bien, Candela ¿por qué este desasosiego? ¿por qué esa sensación de existencia viscosa, de catástrofe, por qué hueles a quemado todo el rato, por qué ese sentimiento suicida de querer reventar todo por los aires? (Texto inspirado o mejor dicho burda imitación del artículo maravilla de Leila Guerriero «¿Les pasa?, publicado en su recopilatorio Teoría de la gravedad.) Foto de Ömer Aydın.</p>
<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/por-que-este-desasosiego/">¿Por qué este desasosiego?</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
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<p>Si no te abrasaste la lengua con la sopa, si los plátanos siguen amarillos en el frutero, si pillaste paraguas antes de salir de casa, si hiciste el disfraz para el cole o lo compraste ya en Amazon, si los niños están bien, tu marido está bien, tu abuela cumplió 100 años, tu madre tomó la pastilla azul, si el bus verde llegó en hora, fuiste a la pelu a cubrir tus canas,  compraste una crema con retinol, si aplicas contorno de ojos a la noche, si no te faltan dientes, si tuviste una moneda que poner debajo de la almohada de tus hijos -de parte del Ratón Pérez-, si tu colon irritable ya no es, si puedes ir al cine hoy,  comprar de vez en cuando café specialty, si pagaste tu hipoteca, tienes seguro de la casa, hiciste ya un bizum para ese regalo de alguien que no te importa, si presumes de haberte construido a ti misma, si el covid no te mató a nadie cercano, si el cáncer te mató a menos que a otros, si eres piscis,  soñadora, si haces el amor y foll&amp;% con él mismo -como crees que debe ser-, si encontraste tu anillo de casada dos horas después en el baño de aquel bar (porque nadie lo quiso), si tus hijos tienen mantas, sale agua del grifo, te sale un gazpacho más que decente, tienes una olla express para hacer cocido, adoras a tu suegra, tu jefe te cae bien, vives en una zona sin terremotos, si hoy ya escribiste tus <em>morning pages</em>, bebiste dos litros de agua e hiciste 10 minutos de meditación con una vela de soja vegetal, si ya comiste quinoa esta semana y sabes hacer un brunch con huevos poché, si el que tiró una cajetilla de tabaco vacía por la ventanilla del coche no es de tu familia, si no tienes 87 años y no necesitabas ese asiento en el metro que nadie cedió, si tus articulacioens aún te responden como deseas, entonces si todo está bien, Candela ¿por qué este desasosiego? ¿por qué esa sensación de existencia viscosa, de catástrofe, por qué hueles a quemado todo el rato, por qué ese sentimiento suicida de querer reventar todo por los aires?<br><br>(Texto inspirado o mejor dicho burda imitación del artículo maravilla de Leila Guerriero «¿Les pasa?, publicado en su recopilatorio Teoría de la gravedad.)</p>



<p></p>



<p>Foto de Ömer Aydın.</p>
<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/por-que-este-desasosiego/">¿Por qué este desasosiego?</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
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		<title>Frío</title>
		<link>https://solangevernon.com/frio/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[solangev]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Nov 2023 15:14:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Chispazos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Decir adiós da frío. Empaquetar tus cosas, también. Hacer scroll, sin rumbo, congela.Deslizar el dedo por la pantalla del móvil en lugar de por tu piel, me hiela. Encontrar en Wallapop nuestro cuadro del salón, ese con el marco color wengué, como querías, «a juego con las sillas»&#8230;El lago helado, aquella foto de un invierno tórrido de los comienzos.Todo eso es, ¿cómo decirlo? GLACIAL. Comerciar con nuestros recuerdos, como si ya no fueran.¡Qué frío! Siempre fui un pasmado. Foto de Dan Hamill.</p>
<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/frio/">Frío</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Decir adiós da frío. Empaquetar tus cosas, también.</p>



<p>Hacer scroll, sin rumbo, congela.<br>Deslizar el dedo por la pantalla del móvil en lugar de por tu piel, me hiela.</p>



<p>Encontrar en Wallapop nuestro cuadro del salón, ese con el marco color wengué, como querías, «a juego con las sillas»&#8230;<br>El lago helado, aquella foto de un invierno tórrido de los comienzos.<br>Todo eso es, ¿cómo decirlo? GLACIAL.</p>



<p>Comerciar con nuestros recuerdos, como si ya no fueran.<br>¡Qué frío!</p>



<p>Siempre fui un pasmado.</p>



<p></p>



<p>Foto de Dan Hamill.</p>
<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/frio/">Frío</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
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		<title>Sobre las pérdidas invisibles</title>
		<link>https://solangevernon.com/sobre-las-perdidas-invisibles/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[solangev]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Nov 2023 12:26:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Chispazos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Perder: Dejar de tener aquello que se poseía, sea por culpa o descuido del poseedor, sea por contingencia o desgracia. Cuando Candela comunicó a su pareja que había perdido al bebé que esperaban, que había desaparecido la posibilidad de un segundo hijo, la posibilidad de un hermano para Candela Junior -recordemos que los segundos sólo existen porque ya hay un primero-, cuando Candela se oyó decir en voz alta: “He perdido al bebé”, sintió que el lenguaje y las palabras la habían abandonado.&#160; A ella, que vivía de la carpintería de las palabras, estas no le permitían hablar con propiedad sobre “lo invisible”, sobre “eso que no se cuenta” aunque le pase a una de cada cuatro mujeres gestantes.La palabra perder le recordaba la niña que fue, esa que se dejaba la bufanda en el patio del cole o esa otra jovencita de veintitantos que, después de una noche de verano, no encontraba su sujetador. Ella había perdido al bebé, como si hubiera sido un descuido, como si no hubiera prestado suficiente atención. Se olvidaba de que la pérdida, según la RAE, también estaba asociada a otras «contingencias» fuera de su control. ¡Ay, Candela que cualquier día pierdes la cabeza! Por eso cuando llegó a casa derrotada y, sí, perdida, le contó a Candela Junior que el bebé se había escapado, como si así se librara de un peso que la señalaba.&#160; –¿Volverá? –No, no volverá pero tal vez venga otro bebé a quedarse. Años después Candela Junior jugaba con su hermana y su amiga invisible.&#160;Hacían teatrillos, inventaban diálogos y hablaban con Gina. Así la llamaban.Gina siempre tenía un cubierto en la mesa, una silla vacía y un hueco en la cama. –Mami, ¿te acuerdas de Gina? –No, no la conozco, ¿me la presentas?– decía divertida. –No hace falta, ella a ti sí. Es el bebé que se escapó. Sigue siendo muy traviesa, le encanta jugar al escondite, pero siempre aparece. Candela se sentó a escribir. Borró el final de su novela y tecleó: “Los niños, como el arte, convierten en visible lo invisible. Y siempre te encuentran». Texto inspirado por el maravilloso podcast de Valeria Palmeiro (Coco Dávez) y Leticia Sala. Lo puedes escuchar aquí. Gracias por dar voz a todas las maternidades y formas de creación.</p>
<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/sobre-las-perdidas-invisibles/">Sobre las pérdidas invisibles</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Perder: Dejar de tener aquello que se poseía, sea por culpa o descuido del poseedor, sea por contingencia o desgracia.</p>



<p>Cuando Candela comunicó a su pareja que había perdido al bebé que esperaban, que había desaparecido la posibilidad de un segundo hijo, la posibilidad de un hermano para Candela Junior -recordemos que los segundos sólo existen porque ya hay un primero-, cuando Candela se oyó decir en voz alta: “He perdido al bebé”, sintió que el lenguaje y las palabras la habían abandonado.&nbsp;</p>



<p>A ella, que vivía de la carpintería de las palabras, estas no le permitían hablar con propiedad sobre “lo invisible”, sobre “eso que no se cuenta” aunque le pase a una de cada cuatro mujeres gestantes.<br>La palabra perder le recordaba la niña que fue, esa que se dejaba la bufanda en el patio del cole o esa otra jovencita de veintitantos que, después de una noche de verano, no encontraba su sujetador.</p>



<p>Ella había perdido al bebé, como si hubiera sido un descuido, como si no hubiera prestado suficiente atención. Se olvidaba de que la pérdida, según la RAE, también estaba asociada a otras «contingencias» fuera de su control. ¡Ay, Candela que cualquier día pierdes la cabeza!</p>



<p>Por eso cuando llegó a casa derrotada y, sí, perdida, le contó a Candela Junior que el bebé se había escapado, como si así se librara de un peso que la señalaba.&nbsp;</p>



<p>–¿Volverá?</p>



<p>–No, no volverá pero tal vez venga otro bebé a quedarse.</p>



<p>Años después Candela Junior jugaba con su hermana y su amiga invisible.&nbsp;Hacían teatrillos, inventaban diálogos y hablaban con Gina. Así la llamaban.<br>Gina siempre tenía un cubierto en la mesa, una silla vacía y un hueco en la cama.</p>



<p>–Mami, ¿te acuerdas de Gina?</p>



<p>–No, no la conozco, ¿me la presentas?– decía divertida.</p>



<p>–No hace falta, ella a ti sí. Es el bebé que se escapó. Sigue siendo muy traviesa, le encanta jugar al escondite, pero siempre aparece.</p>



<p>Candela se sentó a escribir. Borró el final de su novela y tecleó: “Los niños, como el arte, convierten en visible lo invisible. Y siempre te encuentran».</p>



<p>Texto inspirado por el maravilloso podcast de Valeria Palmeiro (Coco Dávez) y Leticia Sala. Lo puedes escuchar <a href="https://open.spotify.com/show/2SeVjB8lWivJUj0nEy4p1i">aquí</a>. Gracias por dar voz a todas las maternidades y formas de creación.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="800" height="604" src="http://solangevernon.com/wp-content/uploads/2023/11/IMG_20231126_132113-e1701001421819.jpg" alt="" class="wp-image-516"/></figure>
<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/sobre-las-perdidas-invisibles/">Sobre las pérdidas invisibles</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
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		<title>Salirse del grupo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[solangev]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Nov 2023 12:10:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Irreverentes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A ver, chavales, que no es necesario que esperéis a salvar a una damisela en apuros en un callejón.&#160; Empezad por vuestros grupos de Whatsapp, dejad que entre la luz y retirad la mierda, todo eso que sabéis que «ya no». Comenzad por lo pequeño, por esos lugares de violencia normalizada que «no son para tanto porque comentarios así han existido toda la vida».&#160; Cuestionad, dejad que os llamen histéricos y exagerados.&#160; Porque hay que salirse del grupo, bloquear, decir de «qué vas tío», de no rular más esa foto de dudosa procedencia. Es hora de arrinconar a esos machitos alfa. No seáis los que palmean, ni los risitas, pero sobre todo, sobre todo, no seáis los que callan. Porque sois la mayoría y esa masa silenciosa es la tiene que alzar la voz.Es con vosotros con quien contamos. (Carta publicada en El País el 22 de septiembre de 2023, con algunos comentarios inquietantes y muchos de esperanza).</p>
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<p>A ver, chavales, que no es necesario que esperéis a salvar a una damisela en apuros en un callejón.&nbsp;</p>



<p>Empezad por vuestros grupos de Whatsapp, dejad que entre la luz y retirad la mierda, todo eso que sabéis que «ya no».</p>



<p>Comenzad por lo pequeño, por esos lugares de violencia normalizada que «no son para tanto porque comentarios así han existido toda la vida».&nbsp;</p>



<p>Cuestionad, dejad que os llamen histéricos y exagerados.&nbsp;</p>



<p>Porque hay que salirse del grupo, bloquear, decir de «qué vas tío», de no rular más esa foto de dudosa procedencia. Es hora de arrinconar a esos machitos alfa. No seáis los que palmean, ni los risitas, pero sobre todo, sobre todo, no seáis los que callan. Porque sois la mayoría y esa masa silenciosa es la tiene que alzar la voz.<br>Es con vosotros con quien contamos.</p>



<p>(Carta publicada en <a href="https://www.instagram.com/p/Cxk5om-MiFN/">El País </a>el 22 de septiembre de 2023, con algunos comentarios inquietantes y muchos de esperanza).</p>
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		<title>Deleitando letras, hilvanando historias</title>
		<link>https://solangevernon.com/deleitando-letras-hilvanando-historias/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[solangev]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 25 Sep 2022 07:16:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agenda]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Deleitando letras, hilvanando historias” surgió de esas ganas de crear puntos de encuentro en torno a la literatura en un barrio en constante movimiento. De sentarnos tranquilos alrededor de un té o un café calentito y contarnos las historias que nos ha contado el mismo libro a personas diferentes del barrio. De destilar emociones y compartir lo que nos ha gustado y lo que no, de crear un espacio de conversación sin ruido, en libertad. Ahora que con la llegada del otoño nos apetece recogernos y replegarnos un poco más, os proponemos justo eso: quedarnos en el barrio para conversar sobre un libro y merendar cosas ricas de negocios de aquí. Os proponemos la vuelta a lo sencillo, a las tardes lentas de un domingo que se desliza entre hojas secas. A charlar de libros sin más pretensión. ¿Quiénes somos? Cruces es la diseñadora de la marca de moda sostenible Cruca, una firma que pretende enfrentarse al Fast Fashion y devolver el valor que siempre tuvo el diseño y las prendas exclusivas y bien hechas. Es la creadora de Espacio Atella, un lugar de encuentro en el barrio Prosperidad. Lara es periodista y trabaja en comunicación. En sus ratos libres, que son pocos, lee mucho y escribe. Vuelca sus escritos y reflexiones en su blog Solange Vernon y en su cuenta de Instagram. Tiene dos novelas cortas publicadas, la segunda de ellas junto con su marido. ¿Por qué nosotras? Porque somos del barrio Prosperidad en Madrid, nos gustan los libros y tejer cosas bonitas como estas. Sin pretensiones. ¿Por qué en Espacio Atella? Porque Cruces ha creado un lugar que te abraza, como aquellas mesas de brasero y chocolate caliente de nuestra infancia, y que además combina toda la fuerza y la chispa fresca de lo nuevo, la creatividad, las ganas de jugar, de conocer, de hacer vínculo y no solo hipervínculos. Telas y letras que se tocan y paladean en un mismo lugar. ¿Dónde nos llevarán estos encuentros? Ni idea, pero nos encantará descubrirlo con vosotros. Lugar: Espacio Atella Pasaje Pradillo 22 (Muy cerquita de la plaza Prosperidad y de Clara del Rey) Metros cercanos Prosperidad y Cartagena Libros comentados en 2023 La trenza / Adiós pequeño / La lluvia inglesa / La moda justa / El último hombre blanco / Un año en Nueva York. Diario secreto / Líneas paralelas</p>
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<p>“Deleitando letras, hilvanando historias” surgió de esas ganas de crear puntos de encuentro en torno a la literatura en un barrio en constante movimiento.</p>



<p>De sentarnos tranquilos alrededor de un té o un café calentito y contarnos las historias que nos ha contado el mismo libro a personas diferentes del barrio.</p>



<p>De destilar emociones y compartir lo que nos ha gustado y lo que no, de crear un espacio de conversación sin ruido, en libertad.</p>



<p>Ahora que con la llegada del otoño nos apetece recogernos y replegarnos un poco más, os proponemos justo eso: quedarnos en el barrio para conversar sobre un libro y merendar cosas ricas de negocios de aquí. Os proponemos la vuelta a lo sencillo, a las tardes lentas de un domingo que se desliza entre hojas secas.</p>



<p>A charlar de libros sin más pretensión.</p>



<p><strong>¿Quiénes somos?</strong></p>



<p><strong><a href="https://cruca.es/bio/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Cruces</a></strong> es la diseñadora de la marca de moda sostenible Cruca, una firma que pretende enfrentarse al Fast Fashion y devolver el valor que siempre tuvo el diseño y las prendas exclusivas y bien hechas. Es la creadora de Espacio Atella, un lugar de encuentro en el barrio Prosperidad.</p>



<p><strong><a href="https://solangevernon.com/quien-soy/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Lara</a></strong> es periodista y trabaja en comunicación. En sus ratos libres, que son pocos, lee mucho y escribe. Vuelca sus escritos y reflexiones en su blog Solange Vernon y en su cuenta de Instagram. Tiene dos novelas cortas publicadas, la segunda de ellas junto con su marido.</p>



<p><strong>¿Por qué nosotras?</strong> Porque somos del barrio Prosperidad en Madrid, nos gustan los libros y tejer cosas bonitas como estas. Sin pretensiones.</p>



<p><strong>¿Por qué en <a href="https://espacioatella.es/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Espacio Atella</a>? </strong>Porque Cruces ha creado un lugar que te abraza, como aquellas mesas de brasero y chocolate caliente de nuestra infancia, y que además combina toda la fuerza y la chispa fresca de lo nuevo, la creatividad, las ganas de jugar, de conocer, de hacer vínculo y no solo hipervínculos. Telas y letras que se tocan y paladean en un mismo lugar.</p>



<p><strong>¿Dónde nos llevarán estos encuentros? </strong>Ni idea, pero nos encantará descubrirlo con vosotros.</p>



<p><strong>Lugar</strong>: Espacio Atella</p>



<p>Pasaje Pradillo 22</p>



<p>(Muy cerquita de la plaza Prosperidad y de Clara del Rey)</p>



<p>Metros cercanos Prosperidad y Cartagena</p>



<p><strong>Libros comentados en 2023</strong></p>



<p>La trenza / Adiós pequeño / La lluvia inglesa / La moda justa /  El último hombre blanco / Un año en Nueva York. Diario secreto / Líneas paralelas</p>
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		<title>Dar por hecho</title>
		<link>https://solangevernon.com/dar-por-hecho/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[solangev]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 25 Sep 2022 06:25:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[dar por hecho]]></category>
		<category><![CDATA[lujos]]></category>
		<category><![CDATA[privilegiados]]></category>
		<category><![CDATA[vivir]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Das por hecho que estás sano. Tal vez tienes algunos achaques pero quién no (piensas). Das por hecho que vives en un país en paz, con unos derechos, con una sanidad pública, con educación pública, con derecho a vacaciones en verano. Te sabes tus derechos.Tienes biblioteca. Tus hijos dan por hecho que pueden ir a la piscina en verano, tal vez hasta la tienen debajo de casa en eso que llaman ahora «la urba». A veces hasta te dicen que están ya muy cansados de piscina y tú montas en cólera.¡¡¡¿Cómo?!! Si tú con suerte de pequeño fuiste a la piscina en contadas ocasiones y era el día más festivo del verano, casi igual que cuando te escapabas en bici al pantano. Tus hijos dan por hecho que pueden elegir su ropa porque tienen para elegir, no como tú que tenías el vestido de los domingos y para de contar. Ese que te tenía que durar varias temporadas, que incluso se remendaba o se sacaba el bajo. Tus hijos dan por hecho los lápices de colores, el colacao de cada mañana. Los helados. La calefacción. Netflix y Amazon. Tú recuerdas el brasero, la estufa de gas, la mesa camilla, Barrio Sésamo. La 1, porque La 2 no la trabajabas mucho. Das por hecho que no vas a vivir entre basura, que tus calles van a estar limpias, que tienes bancos y farolas. Das por hecho que te puedes duchar con agua clara. Tu madre acarreaba cántaros de agua para “bañarse” una vez a la semana. También llegó a lavar ropa en el arroyo. En serio. También fregaba los suelos de rodillas. Das por hecho la fregona, qué absurdo ¿verdad? Vivimos en la tiranía del dar por hecho.Pero no. No, no. Nada es eterno, ni siquiera nosotras como diría Sol Aguirre de @lasclavesdesol. Así que, si puedes, vuelve a sorprenderte, a agradecer y a crear aquello que no se ve. Y da ejemplo. Así tus hijos darán por hecho que esta vida va de sorprenderse, de extasiarse, de respetar, de defender lo conseguido, de inventar, de crear (siempre).</p>
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<p>Das por hecho que estás sano. Tal vez tienes algunos achaques pero quién no (piensas).</p>



<p>Das por hecho que vives en un país en paz, con unos derechos, con una sanidad pública, con educación pública, con derecho a vacaciones en verano. Te sabes tus derechos.Tienes biblioteca.</p>



<p>Tus hijos dan por hecho que pueden ir a la piscina en verano, tal vez hasta la tienen debajo de casa en eso que llaman ahora «la urba». A veces hasta te dicen que están ya muy cansados de piscina y tú montas en cólera.<br>¡¡¡¿Cómo?!! Si tú con suerte de pequeño fuiste a la piscina en contadas ocasiones y era el día más festivo del verano, casi igual que cuando te escapabas en bici al pantano.</p>



<p>Tus hijos dan por hecho que pueden elegir su ropa porque tienen para elegir, no como tú que tenías el vestido de los domingos y para de contar. Ese que te tenía que durar varias temporadas, que incluso se remendaba o se sacaba el bajo.</p>



<p>Tus hijos dan por hecho los lápices de colores, el colacao de cada mañana. Los helados. La calefacción. Netflix y Amazon. Tú recuerdas el brasero, la estufa de gas, la mesa camilla, Barrio Sésamo. La 1, porque La 2 no la trabajabas mucho.</p>



<p>Das por hecho que no vas a vivir entre basura, que tus calles van a estar limpias, que tienes bancos y farolas.</p>



<p>Das por hecho que te puedes duchar con agua clara. Tu madre acarreaba cántaros de agua para “bañarse” una vez a la semana. También llegó a lavar ropa en el arroyo. En serio.</p>



<p>También fregaba los suelos de rodillas. Das por hecho la fregona, qué absurdo ¿verdad?</p>



<p>Vivimos en la tiranía del dar por hecho.<br>Pero no. No, no. Nada es eterno, ni siquiera nosotras como diría Sol Aguirre de @lasclavesdesol.</p>



<p>Así que, si puedes, vuelve a sorprenderte, a agradecer y a crear aquello que no se ve. Y da ejemplo. Así tus hijos darán por hecho que esta vida va de sorprenderse, de extasiarse, de respetar, de defender lo conseguido, de inventar, de crear (siempre).</p>



<div class="wp-block-cover has-white-background-color has-background-dim"><div class="wp-block-cover__inner-container is-layout-flow wp-block-cover-is-layout-flow">
<p class="has-text-align-center has-large-font-size"></p>
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		<title>Que en gloria esté</title>
		<link>https://solangevernon.com/que-en-gloria-este-homenaje-a-meechum-ojo-spoiler-house-of-cards/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[solangev]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 26 Mar 2022 11:22:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Irreverentes]]></category>
		<category><![CDATA[feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[houseofcards]]></category>
		<category><![CDATA[jaraysedal]]></category>
		<category><![CDATA[losplaceresdelola]]></category>
		<category><![CDATA[nuevajuventud]]></category>
		<category><![CDATA[rosalinda]]></category>
		<category><![CDATA[vibrador]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Homenaje a Meechum, ojo spoiler House of Cards. House of Cards. Cuarta temporada. Capítulo cuarto. No, no y no. No puede ser. Meechum ha muerto. Rosalinda no pega ojo mientras mira desde su cama hipnotizada el televisor. La respiración pesada de su marido acaba con su ensimismamiento.Ahí está Antonio: con la boca abierta, durmiendo a pierna suelta, ajeno, como es costumbre en los últimos quince años, a sus penas. Pareciera que en lugar de haber estado viendo la truculenta vida de los Underwood, Morfeo le hubiera secuestrado durante un capítulo de Jara y Sedal.  Pero  así era Antonio: aburrido a más no poder. O como diría su hija: un cojoñazo -que nunca más coñazo-. Todo es entendible: 37 años de matrimonio dan para muchas reposiciones, -perdón de nuevo por la metáfora- de Jara y Sedal.La obsesión de Rosalinda por Nathan Darrow, o mejor dicho, por el personaje de Meechum, venía de meses atrás, cuando descubrió la adicción de su hija recién divorciada a la serie de “castillo de naipes”. —Hola hija, ¿cómo estás, qué estás haciendo?»—Bien, bien, acabo de acostar a los niños. Estoy viendo una serie mamá, “jausofcar”. Y así, noche tras noche, Rosalinda era incapaz de sacarle ni una palabra a su malherida hija o como Antonio la llamaba: “la gilipollas cornuda”. —Ah, vale, me alegro, tienes que divertirte hija y pasar página. Esa serie que vesserá de risa, ¿no? —No exactamente mamá, pero me entretiene. Te dejo ya, ¿vale?—Bueno, pues a ver si me la pones un día en casa. Y se la puso. Vamos que si se la puso. Y en menos de un mes se había visto la primera y segunda temporada completas. Y en dos meses Rosalinda hablaba de Netflix y sus series como si de un amante joven y apuesto se tratase. Ni el yoga, ni los talleres de cupcakes, de cerámica, de punto de cruz, ¡hasta de teatro! habían conseguido evadirla y olvidar por un rato su vida de documental de La 2.  —Me tienes hasta los cojones con tanta serie Rosalinda, yo me quiero dormir escuchando El Larguero, como hemos hecho toda la puta vida y no tus telenovelas, joder. Como toda la puta vida. Ese era el problema.  Por supuesto Rosalinda veía la serie en castellano. No como su hija que lo hacía en versión original. Que para eso le habían pagado un máster en Columbia cuando terminó la carrera. Para eso y para que se casara bien, con un «hombre de bien». Pero de esa parte mejor ni hablar. Ni Francis, ni Claire. A quien realmente tenía apego Rosalinda era al tercero del trío de ese macabro matrimonio.Ese hombre discreto, servicial, rayando a veces el infantilismo, simplón y bobalicón, pero tan fiel como un perro con sus amos. Ese era Meechum. Meechum merecía un homenaje.  Rosalinda no tenía ni perro, ni loro, ni pez al que bautizar con el nombre del agente.Pero sí mucho tiempo libre y un anuncio de la reciente apertura del negocio de la hija de una  amiga del taller de teatro.Se llamaba “Los placeres de Lola”. Entró en su web. Para Rosalinda, la muerte de Franco y tener conexión a Internet eran los únicos hechos históricos que le habían cambiado realmente la vida. Palabrita. Navegó un rato, hasta que dio con ello. Era discreto, como Meechum. Del tamaño y la forma de un pintalabios. “Llévalo en el bolso y no te prives del placer en ningún sitio. Goza de gran suavidad yde su exquisita potencia”, leyó mientras hacía click en el botón de comprar ahora. Y es que Meechum no merecía morir. Que en gloria esté. Que en la gloria también estará Rosalinda. Foto de solod_sha en Pexels</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Homenaje a Meechum, <strong>ojo spoiler House of Cards.</strong></p>



<p>House of Cards. Cuarta temporada. Capítulo cuarto.</p>



<p><br>No, no y no. No puede ser. Meechum ha muerto. <br>Rosalinda no pega ojo mientras mira desde su cama hipnotizada el televisor. La respiración pesada de su marido acaba con su ensimismamiento.<br>Ahí está Antonio: con la boca abierta, durmiendo a pierna suelta, ajeno, como es costumbre en los últimos quince años, a sus penas. <br>Pareciera que en lugar de haber estado viendo la truculenta vida de los Underwood, Morfeo le hubiera secuestrado durante un capítulo de Jara y Sedal. </p>



<p>Pero  así era Antonio: aburrido a más no poder. O como diría su hija: un <em>cojoñazo</em> -que nunca más coñazo-.  <br>Todo es entendible: 37 años de matrimonio dan para muchas reposiciones, -perdón de nuevo por la metáfora- de Jara y Sedal.<br>La obsesión de Rosalinda por Nathan Darrow, o mejor dicho, por el personaje de Meechum, venía de meses atrás, cuando descubrió la adicción de su hija recién divorciada a la serie de “castillo de naipes”.</p>



<p>—Hola hija, ¿cómo estás, qué estás haciendo?»<br>—Bien, bien, acabo de acostar a los niños. Estoy viendo una serie mamá, “jausofcar”.</p>



<p>Y así, noche tras noche, Rosalinda era incapaz de sacarle ni una palabra a su malherida hija o como Antonio la llamaba: “la gilipollas cornuda”.</p>



<p>—Ah, vale, me alegro, tienes que divertirte hija y pasar página. Esa serie que ves<br>será de risa, ¿no? <br>—No exactamente mamá, pero me entretiene. Te dejo ya, ¿vale?<br>—Bueno, pues a ver si me la pones un día en casa.</p>



<p>Y se la puso. Vamos que si se la puso. </p>



<p>Y en menos de un mes se había visto la primera y segunda temporada completas. Y en dos meses Rosalinda hablaba de Netflix y sus series como si de un amante joven y apuesto se tratase. <br>Ni el yoga, ni los talleres de <em>cupcakes</em>, de cerámica, de punto de cruz, ¡hasta de teatro! habían conseguido evadirla y olvidar por un rato su vida de documental de La 2. </p>



<p>—Me tienes hasta los cojones con tanta serie Rosalinda, yo me quiero dormir escuchando El Larguero, como hemos hecho toda la puta vida y no tus telenovelas, joder.</p>



<p>Como toda la puta vida. Ese era el problema. </p>



<p>Por supuesto Rosalinda veía la serie en castellano. No como su hija que lo hacía en versión original. Que para eso le habían pagado un máster en Columbia cuando terminó la carrera. Para eso y para que se casara bien, con un «hombre de bien». Pero de esa parte mejor ni hablar.</p>



<p>Ni Francis, ni Claire. </p>



<p>A quien realmente tenía apego Rosalinda era al tercero del trío de ese macabro matrimonio.<br>Ese hombre discreto, servicial, rayando a veces el infantilismo, simplón y bobalicón, pero tan fiel como un perro con sus amos.</p>



<p>Ese era Meechum. <br>Meechum merecía un homenaje. </p>



<p>Rosalinda no tenía ni perro, ni loro, ni pez al que bautizar con el nombre del agente.<br>Pero sí mucho tiempo libre y un anuncio de la reciente apertura del negocio de la hija de una  amiga del taller de teatro.<br>Se llamaba “Los placeres de Lola”. Entró en su web. <br>Para Rosalinda, la muerte de Franco y tener conexión a Internet eran los únicos hechos históricos que le habían cambiado realmente la vida. </p>



<p>Palabrita.</p>



<p>Navegó un rato, hasta que dio con ello. Era discreto, como Meechum. Del tamaño y la forma de un pintalabios. <br>“<em>Llévalo en el bolso y no te prives del placer en ningún sitio. Goza de gran suavidad y<br>de su exquisita potencia”,</em> leyó mientras hacía click en el botón de comprar ahora.<br></p>



<p>Y es que Meechum no merecía morir. Que en gloria esté. </p>



<p>Que en la gloria también estará Rosalinda.</p>



<p></p>



<p>Foto de solod_sha en Pexels</p>



<p></p>
<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/que-en-gloria-este-homenaje-a-meechum-ojo-spoiler-house-of-cards/">Que en gloria esté</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
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		<item>
		<title>Sobre dinosaurios a extinguir</title>
		<link>https://solangevernon.com/sobre-dinosaurios-a-extinguir/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[solangev]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 26 Mar 2022 10:16:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Irreverentes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando despertó el dinosaurio estaba allí: con su mensaje maloliente en la bandeja de mail. Elisa estaba segura de que el hedor era lo que la había sacado de su sueño «a punto deorgasmo» con Álex González.(Por cierto, abramos paréntesis, ese hombre hace orgasmos de voz, dictándote la lista de lacompra). Un dinosaurio, según la RAE (la Real Academia de la Lengua de Elisa) es toda persona que, sin importar sexo, edad o condición, tiene aire de importancia, que no importante, y se pasa el día moviendo documentos como si estuviera operando a corazón abierto, dejando un rastro «rollo slime» de destrucción de autoestima a su paso. Los dinosaurios tienen por costumbre soltar improperios y órdenes, utilizando mayúsculas, por si el otr@ es sord@ visual y, por supuesto, nunca incluyen los mantras de educación básicos: Buenos días, gracias y por favor.La verdad es que Elisa ya estaba hasta las mismísimas o hasta el moño con c, de aguantar día sí y día también esa mala educación virtual. Así que tecleó en Google: “extinción dinosaurios”. Y encontró lo que todo el mundo sabe, quela extinción de los dinosaurios sucedió gracias al choque de un asteroide, una estrella, que hizoel mundo inhabitable para estos «animalitos». Así que Elisa hiló filo. Muy fino.Y pensó que la única solución para acabar con toda esa panda de dinosaurios grises pasaba por reventar su mundo con luz como puñeteras estrellas, manteniendo los buenos días y las buenas tardes, «con dientes, dientes que es lo que les jode», mientras actualizaba su CV y explicaba sus poderes ocultos.Y es que ningún dinosaurio debería subestimar el poder de una mujer que se ha quedado a medias, porque puede ser el animal en no extinción más peligroso, salvaje y luminoso que pueda existir.(Álex, sigue dictando por favor). Foto de&#160;Ron Lach&#160;en&#160;Pexels</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Cuando despertó el dinosaurio estaba allí: con su mensaje maloliente en la bandeja de mail. </p>



<p>Elisa estaba segura de que el hedor era lo que la había sacado de su sueño «a punto de<br>orgasmo» con Álex González.<br><em>(Por cierto, abramos paréntesis, ese hombre hace orgasmos de voz, dictándote la lista de la<br>compra).</em></p>



<p>Un dinosaurio, según la RAE (la Real Academia de la Lengua de Elisa) es toda persona que, sin importar sexo, edad o condición, tiene aire de importancia, que no importante, y se pasa el día moviendo documentos como si estuviera operando a corazón abierto, dejando un rastro «rollo slime» de destrucción de autoestima a su paso.</p>



<p><br>Los dinosaurios tienen por costumbre soltar improperios y órdenes, utilizando mayúsculas, por si el otr@ es sord@ visual y, por supuesto, nunca incluyen los mantras de educación básicos: Buenos días, gracias y por favor.<br>La verdad es que Elisa ya estaba hasta las mismísimas o hasta el moño con c, de aguantar día sí y día también esa mala educación virtual.<br></p>



<p>Así que tecleó en Google: “extinción dinosaurios”. Y encontró lo que todo el mundo sabe, que<br>la extinción de los dinosaurios sucedió gracias al choque de un asteroide, una estrella, que hizo<br>el mundo inhabitable para estos «animalitos».<br></p>



<p>Así que Elisa hiló filo. Muy fino.<br>Y pensó que la única solución para acabar con toda esa panda de dinosaurios grises pasaba por reventar su mundo con luz como puñeteras estrellas, manteniendo los buenos días y las buenas tardes, «con dientes, dientes que es lo que les jode», mientras actualizaba su CV y explicaba sus poderes ocultos.<br>Y es que ningún dinosaurio debería subestimar el poder de una mujer que se ha quedado a medias, porque puede ser el animal en no extinción más peligroso, salvaje y luminoso que pueda existir.<br><em>(Álex, sigue dictando por favor).</em></p>



<p></p>



<p>Foto de&nbsp;<strong><a href="https://www.pexels.com/es-es/@ron-lach?utm_content=attributionCopyText&amp;utm_medium=referral&amp;utm_source=pexels">Ron Lach</a></strong>&nbsp;en&nbsp;<strong><a href="https://www.pexels.com/es-es/foto/relajacion-sentado-relajandose-estilo-7883488/?utm_content=attributionCopyText&amp;utm_medium=referral&amp;utm_source=pexels">Pexels</a></strong></p>
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		<title>Bajo otros cielos, otras montañas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[solangev]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Nov 2021 07:16:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mis libros]]></category>
		<category><![CDATA[a cuatro manos]]></category>
		<category><![CDATA[montañas]]></category>
		<category><![CDATA[mosquetón]]></category>
		<category><![CDATA[novela]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El origen de esta historia fue un regalo. Un regalo de tiempo. De buscar momentos y miradas pausadas, esas que el día a día engulle sin remedio. Por eso esta historia está escrita a cuatro manos, en madrugadas y madrugones. En metros y autobuses. Y ¿de qué trata? de nada nuevo. De lo de siempre. De lo que sentimos y lo que nos emociona. De la vida y del tiempo, que corre que se las pela, ya lo sabes. SinopsisA partir de un hecho real, el fallecimiento de Miss Elizabeth Hawley, la famosa cronista de las cumbres del Himalaya, Eli viaja a Katmandú para conocer las últimas voluntades de su tía dejando una vida anodina en Nueva York. Por su parte, Mingma Sherpa acaba de salvar la vida a Carlos, un español sorprendido en mitad de una avalancha, que viaja por las montañas de Nepal ajeno al periodo comercial de expediciones. Dos mundos distintos y dos vidas paralelas que nunca se juntan. O tal vez sí.Todo dependerá de su empeño a la hora de escribir y reescribir eso que llaman destino. ¿Quieres leerlo? Puedes conseguir la edición preciosa en papel, dedicada y con un packaging especial nuestro por 11,5 euros (más 2,5 de gastos de envío). El pago lo puedes realizar vía Bizum o transferencia, tan solo deja tus datos aquí con tu dirección y teléfono y nos pondremos en contacto contigo de inmediato. También disponible en las siguientes librerías: Librería Desnivel en su tienda online y física en Madrid. The Singular Olivia, en su tienda online. Letras combinadas con uno de los viajes ofaltivos de sus velas, te aseguramos que es un regalo perfecto. Te recomendamos Darjeeling, Darling, de su colección The Inventory, que te transportará directamente al Himalaya. Librería Crazy Mary C/ Echegaray, 32Madrid, 28014914384977 Librería Aquarela Calle Clara del Rey 8,Madrid, 2800291 413 85 53 Librería Cervantes C. Cervantes, 14. 40001 Segovia</p>
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<p>El origen de esta historia fue un regalo. Un regalo de tiempo. De buscar momentos y miradas pausadas, esas que el día a día engulle sin remedio. Por eso esta historia está escrita a cuatro manos, en madrugadas y madrugones. En metros y autobuses. Y ¿de qué trata? de nada nuevo. De lo de siempre. De lo que sentimos y lo que nos emociona. De la vida y del tiempo, que corre que se las pela, ya lo sabes.</p>



<p><strong>Sinopsis</strong><br>A partir de un hecho real, el fallecimiento de Miss Elizabeth Hawley, la famosa cronista de las cumbres del Himalaya, Eli viaja a Katmandú para conocer las últimas voluntades de su tía dejando una vida anodina en Nueva York. </p>



<p>Por su parte, Mingma Sherpa acaba de salvar la vida a Carlos, un español sorprendido en mitad de una avalancha, que viaja por las montañas de Nepal ajeno al periodo comercial de expediciones. Dos mundos distintos y dos vidas paralelas que nunca se juntan. O tal vez sí.<br>Todo dependerá de su empeño a la hora de escribir y reescribir eso que llaman destino.</p>



<p><strong>¿Quieres leerlo?</strong></p>



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<div class="wp-block-media-text alignwide is-stacked-on-mobile" style="grid-template-columns:18% auto"><figure class="wp-block-media-text__media"><img decoding="async" width="1000" height="1554" src="http://solangevernon.com/wp-content/uploads/2021/11/Portada.jpg" alt="" class="wp-image-409 size-full" srcset="https://solangevernon.com/wp-content/uploads/2021/11/Portada.jpg 1000w, https://solangevernon.com/wp-content/uploads/2021/11/Portada-193x300.jpg 193w, https://solangevernon.com/wp-content/uploads/2021/11/Portada-659x1024.jpg 659w, https://solangevernon.com/wp-content/uploads/2021/11/Portada-768x1193.jpg 768w, https://solangevernon.com/wp-content/uploads/2021/11/Portada-988x1536.jpg 988w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p>Puedes conseguir la <strong>edición preciosa en papel</strong>, dedicada y con un <strong>packaging</strong> <strong>especial</strong> nuestro por 11,5 euros (más 2,5 de gastos de envío). El pago lo puedes realizar vía Bizum o transferencia, tan solo deja tus datos <a href="https://solangevernon.com/contacto/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">aquí</a> con tu dirección y teléfono y nos pondremos en contacto contigo de inmediato.</p>



<p>También disponible en las siguientes librerías:</p>



<p><a href="https://www.libreriadesnivel.com/libros/bajo-otros-cielos-otras-montanas/9788412418743/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Librería Desnivel</strong></a> en su tienda online y física en Madrid.</p>



<p><a href="https://www.thesingularolivia.com/products/bajo-otros-cielos-otras-montanas-lara-recuero-y-pedro-p-sanchez"><strong>The Singular Olivia</strong></a>, en su tienda online. Letras combinadas con uno de los viajes ofaltivos de sus velas, te aseguramos que es un regalo perfecto. Te recomendamos <a href="https://www.thesingularolivia.com/collections/coleccion-the-inventory/products/the-inventory-at-tso-darjeeling-darling-n-760">Darjeeling, Darling</a>, de su colección The Inventory, que te transportará directamente al Himalaya. </p>



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<p><strong>Librería Crazy Mary</strong></p>



<p>C/ Echegaray, 32<br>Madrid, 28014<br>914384977</p>



<p><strong>Librería Aquarela </strong></p>



<p>Calle Clara del Rey 8,<br>Madrid, 28002<br>91 413 85 53</p>



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<p><strong>Librería Cervantes</strong></p>



<p>C. Cervantes, 14. 40001 Segovia</p>
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