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	<title>Artículos - Solange Vernon</title>
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	<description>La chispa de la vida no se bebe, se construye cada día, mejor si es en compañía de literatura</description>
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	<title>Artículos - Solange Vernon</title>
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		<title>Carta a Carmen Martín Gaite</title>
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		<dc:creator><![CDATA[solangev]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Dec 2025 15:48:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esta carta está recogida en la antología de escritoras sin síndrome de la impostora, tras la lectura del libro maravilloso de Andrea Mateos: Impostora. Un retrato silvestre para reivindicar la escritura propia. Madrid, en alguna fecha incierta de esta vida loca Querida Carmen: ¿Cómo estás? Por aquí ando con nubosidad variable, tanto en el ambiente como en mi cabeza, pero por fin he podido sentarme a dedicarte unas líneas. La culpa es de otra escritora: Andrea Mateos, que acaba de regalarnos, a las mujeres de La Resistencia Literaria, un retrato silvestre para reivindicar la escritura propia. No imaginas la emoción que hemos sentido todas al leer sus textos y vernos reflejadas en sus letras. Ay, Carmen, tienes que unirte a uno de nuestros aquelarres. No temas, no somos sectarias ni tendrás nada que hacer. Algunos, tal vez, te digan que es un club, una sociedad literaria o incluso una plataforma de indignadas, pero te diría que es todo mucho más sencillo. Tan solo somos una resistencia silenciosa, ni siquiera organizada, que lo único que busca es vivir, no solo entre visillos o en los márgenes, sino también ocupar calles y espacios. Tú ya me entiendes: convertirnos en paseantes que escriben y leen, que anotan y observan. Sí, somos esas que llevamos libros y magia en bolsas de tela —que llaman ahora tote bags—, o esas otras que llevabas tú, de redecilla beige, junto a los limones y el manojo de acelgas del mercado. Somos las que nos pasamos de parada de autobús por culpa de un capítulo más o las que preferimos pasar la noche con un buen libro en lugar de con un mal amante. La Resistencia Literaria la crean mujeres vivas y muertas, con caminos hechos y senderos nuevos por hacer. Como tú. He tenido la suerte de encontrarme ya con algunas de ellas: Andrea, May, Virginia, Mary, Esmeralda, Valeria, Vanessa, Rosa, Sylvia, Annie, Begoña, Marta, Sofía, Mariana, Raquel, Sabela, Cristina, Sara, Irene, Alba, Laura, Yolanda… ¡pero tengo tantas pendientes de conocer!: Elena, Marguerite, Clara, María Mercedes, Joanna… El listado no terminaría nunca. Cada una de estas mujeres es un faro que me transporta con su luz a otro con el que alumbrarme. Por todas ellas circulan ríos desbordados de tinta que nos llevan de la una a la otra, como una ramificación neuronal silente que grita y nos interpela a tomar la pluma y no parar de atrapar la vida en servilletas, tickets y libretas. Pero no me enrollo más. Como te decía, por fin pude sentarme hoy en mi escritorio, es decir, la mesa del salón donde comemos, ordeno las facturas y hacen los deberes las niñas. He comenzado de madrugada, decidida a recuperar la magia de las relaciones epistolares, esas que en mi adolescencia me hacían odiar los domingos, porque no había correo ni cartero que pudiera traer las buenas nuevas de cualquiera de mis amigas o de mis amores frustrados. Como te digo, estaba yo en ese momento que llaman la hora azul, esa que, desde mi ventana, convierte las tejas envejecidas de la casa de enfrente en promesa de vida en calma que luego nunca es. Es ese momento en el que una quiere romantizar su día, mirar el horizonte y pensar que tiene un par de horas para escribir y ser. Sí, ser yo, sin etiquetas de madre, amiga, esposa, trabajadora, hija o persona amable que te encuentras en el ascensor. Ese momento. Ese que es una suerte de plenitud. ¿Es horrible pensar que solo ahí, fugazmente, somos? Sería tan triste… Me quedaré con la frase de Walt Whitman que dice que “contenemos multitudes”. Sí, eso es. Nos diremos que estamos llenas de universos y ambivalencias. Que me lo digan cuando peino a mis hijas y no reconozco esas manos que trenzan su pelo mientras piensan cómo sacar tiempo para trenzar historias.&#160; ¿Se puede estar aquí y allí a la vez? ¿Se puede ser una y contener todas las maternidades e identidades que nos hemos ido creando? La hibridez y la contradicción están en mi ADN como tatuajes de fuego. Querida Carmen, las luces del obrador de debajo de casa ya están prendidas y casi puedo oler los bollos de leche que empiezan a hornear. Prendido está también mi deseo de escribir. El deseo es importante: es el disparadero de todo lo demás. Son las 6:30. Aún hay tiempo, me digo, y sigo soñando con la tinta y el trazo sobre el papel. Ingenua. La llamada del viento en una ventana mal cerrada nos ha devuelto a lo doméstico: Portazo y grito desgarrador de una niña asustada. —¡Mamaaaá! Maldigo la ventana y a mí misma por no haber revisado cada detalle antes de poner negro sobre blanco. Ya me sé el final de esta función: adiós a la tinta hasta la hora verde o cualquiera que sea el color que toque. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;{&#160; &#160; la vida &#160; &#160; &#160; } Amiga, ya he vuelto, ya sabes que quienes escribimos lo hacemos en huecos y rincones, en la hora amarilla, negra, violeta o naranja, en la hora turbia, y, con suerte, en la hora de la aurora boreal, esa en la que se produce el milagro y, de repente, sabes que es ahí, y que solo por ese instante, valió la pena. Son las tres y me está entrando sueño. Estoy deseando saber lo que piensas de toda esta verborrea de madrugadas y madrugones, hecha de los jirones de esas mujeres que soy. Te seguiré escribiendo para ser y narrarme, para retozar en todas mis vidas.&#160; Desde ya, gracias, amiga. Me narro porque sabes leerme, porque juntas nos relatamos. Voy a apagar la luz. Buenas noches, estés donde estés. Te volveré a escribir desde el cuarto de atrás. Tuya y todo eso,Lara&#160; P.D. Pronto recibirás la notificación de tu registro en La Resistencia Literaria. Me tomaré la libertad de inscribirte directamente sin esperar tu respuesta.</p>
<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/carta-a-carmen-martin-gaite/">Carta a Carmen Martín Gaite</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Esta carta está recogida en la antología de escritoras sin síndrome de la impostora, tras la lectura del libro maravilloso de Andrea Mateos: <strong>Impostora. Un retrato silvestre para reivindicar la escritura propia.</strong></em></p>



<p></p>



<p class="has-text-align-right">Madrid, en alguna fecha incierta de esta vida loca</p>



<p>Querida Carmen:</p>



<p>¿Cómo estás? Por aquí ando con <em>nubosidad variable</em>, tanto en el ambiente como en mi cabeza, pero por fin he podido sentarme a dedicarte unas líneas.</p>



<p>La culpa es de otra escritora: Andrea Mateos, que acaba de regalarnos, a las mujeres de La Resistencia Literaria, un retrato silvestre para reivindicar la escritura propia. No imaginas la emoción que hemos sentido todas al leer sus textos y vernos reflejadas en sus letras.</p>



<p>Ay, Carmen, tienes que unirte a uno de nuestros aquelarres. No temas, no somos sectarias ni tendrás nada que hacer. Algunos, tal vez, te digan que es un club, una sociedad literaria o incluso una plataforma de indignadas, pero te diría que es todo mucho más sencillo. Tan solo somos una resistencia silenciosa, ni siquiera organizada, que lo único que busca es vivir, no solo <em>entre visillos </em>o en los márgenes, sino también ocupar calles y espacios.</p>



<p>Tú ya me entiendes: convertirnos en paseantes que escriben y leen, que anotan y observan. Sí, somos esas que llevamos libros y magia en bolsas de tela —que llaman ahora <em>tote bags</em>—, o esas otras que llevabas tú, de redecilla beige, junto a los limones y el manojo de acelgas del mercado. Somos las que nos pasamos de parada de autobús por culpa de un capítulo más o las que preferimos pasar la noche con un buen libro en lugar de con un mal amante.</p>



<p>La Resistencia Literaria la crean mujeres vivas y muertas, con caminos hechos y senderos nuevos por hacer. Como tú. He tenido la suerte de encontrarme ya con algunas de ellas: Andrea, May, Virginia, Mary, Esmeralda, Valeria, Vanessa, Rosa, Sylvia, Annie, Begoña, Marta, Sofía, Mariana, Raquel, Sabela, Cristina, Sara, Irene, Alba, Laura, Yolanda… ¡pero tengo tantas pendientes de conocer!: Elena, Marguerite, Clara, María Mercedes, Joanna… El listado no terminaría nunca.</p>



<p>Cada una de estas mujeres es un faro que me transporta con su luz a otro con el que alumbrarme. Por todas ellas circulan ríos desbordados de tinta que nos llevan de la una a la otra, como una ramificación neuronal silente que grita y nos interpela a tomar la pluma y no parar de atrapar la vida en servilletas, tickets y libretas.</p>



<p>Pero no me enrollo más. Como te decía, por fin pude sentarme hoy en mi escritorio, es decir, la mesa del salón donde comemos, ordeno las facturas y hacen los deberes las niñas. He comenzado de madrugada, decidida a recuperar la magia de las relaciones epistolares, esas que en mi adolescencia me hacían odiar los domingos, porque no había correo ni cartero que pudiera traer las buenas nuevas de cualquiera de mis amigas o de mis amores frustrados.</p>



<p>Como te digo, estaba yo en ese momento que llaman <em>la hora azul</em>, esa que, desde mi ventana, convierte las tejas envejecidas de la casa de enfrente en promesa de vida en calma que luego nunca es. Es ese momento en el que una quiere romantizar su día, mirar el horizonte y pensar que tiene un par de horas para escribir y ser.</p>



<p>Sí, ser yo, sin etiquetas de madre, amiga, esposa, trabajadora, hija o persona amable que te encuentras en el ascensor. Ese momento. Ese que es una suerte de plenitud.</p>



<p>¿Es horrible pensar que solo ahí, fugazmente, somos? Sería tan triste…</p>



<p>Me quedaré con la frase de Walt Whitman que dice que “contenemos multitudes”. Sí, eso es. Nos diremos que estamos llenas de universos y ambivalencias. Que me lo digan cuando peino a mis hijas y no reconozco esas manos que trenzan su pelo mientras piensan cómo sacar tiempo para trenzar historias.&nbsp;</p>



<p>¿Se puede estar aquí y allí a la vez? ¿Se puede ser una y contener todas las maternidades e identidades que nos hemos ido creando? La hibridez y la contradicción están en mi ADN como tatuajes de fuego.</p>



<p>Querida Carmen, las luces del obrador de debajo de casa ya están prendidas y casi puedo oler los bollos de leche que empiezan a hornear. Prendido está también mi deseo de escribir. El deseo es importante: es el disparadero de todo lo demás.</p>



<p>Son las 6:30. Aún hay tiempo, me digo, y sigo soñando con la tinta y el trazo sobre el papel. Ingenua. La llamada del viento en una ventana mal cerrada nos ha devuelto a lo doméstico: Portazo y grito desgarrador de una niña asustada.</p>



<p>—¡Mamaaaá!</p>



<p>Maldigo la ventana y a mí misma por no haber revisado cada detalle antes de poner negro sobre blanco. Ya me sé el final de esta función: adiós a la tinta hasta la hora verde o cualquiera que sea el color que toque.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;{&nbsp; &nbsp; la vida &nbsp; &nbsp; &nbsp; }</p>



<p>Amiga, ya he vuelto, ya sabes que quienes escribimos lo hacemos en huecos y rincones, en la hora amarilla, negra, violeta o naranja, en la hora turbia, y, con suerte, en la hora de la aurora boreal, esa en la que se produce el milagro y, de repente, sabes que es ahí, y que solo por ese instante, valió la pena.</p>



<p>Son las tres y me está entrando sueño. Estoy deseando saber lo que piensas de toda esta verborrea de madrugadas y madrugones, hecha de los jirones de esas mujeres que soy. Te seguiré escribiendo para ser y narrarme, para retozar en todas mis vidas.&nbsp;</p>



<p>Desde ya, gracias, amiga. Me narro porque sabes leerme, porque juntas nos relatamos. Voy a apagar la luz. Buenas noches, estés donde estés. Te volveré a escribir desde <em>el cuarto de atrás.</em></p>



<p>Tuya y todo eso,<br>Lara&nbsp;</p>



<p>P.D. Pronto recibirás la notificación de tu registro en La Resistencia Literaria. Me tomaré la libertad de inscribirte directamente sin esperar tu respuesta.</p>
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		<title>Dar por hecho</title>
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		<dc:creator><![CDATA[solangev]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 25 Sep 2022 06:25:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[dar por hecho]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Das por hecho que estás sano. Tal vez tienes algunos achaques pero quién no (piensas). Das por hecho que vives en un país en paz, con unos derechos, con una sanidad pública, con educación pública, con derecho a vacaciones en verano. Te sabes tus derechos.Tienes biblioteca. Tus hijos dan por hecho que pueden ir a la piscina en verano, tal vez hasta la tienen debajo de casa en eso que llaman ahora «la urba». A veces hasta te dicen que están ya muy cansados de piscina y tú montas en cólera.¡¡¡¿Cómo?!! Si tú con suerte de pequeño fuiste a la piscina en contadas ocasiones y era el día más festivo del verano, casi igual que cuando te escapabas en bici al pantano. Tus hijos dan por hecho que pueden elegir su ropa porque tienen para elegir, no como tú que tenías el vestido de los domingos y para de contar. Ese que te tenía que durar varias temporadas, que incluso se remendaba o se sacaba el bajo. Tus hijos dan por hecho los lápices de colores, el colacao de cada mañana. Los helados. La calefacción. Netflix y Amazon. Tú recuerdas el brasero, la estufa de gas, la mesa camilla, Barrio Sésamo. La 1, porque La 2 no la trabajabas mucho. Das por hecho que no vas a vivir entre basura, que tus calles van a estar limpias, que tienes bancos y farolas. Das por hecho que te puedes duchar con agua clara. Tu madre acarreaba cántaros de agua para “bañarse” una vez a la semana. También llegó a lavar ropa en el arroyo. En serio. También fregaba los suelos de rodillas. Das por hecho la fregona, qué absurdo ¿verdad? Vivimos en la tiranía del dar por hecho.Pero no. No, no. Nada es eterno, ni siquiera nosotras como diría Sol Aguirre de @lasclavesdesol. Así que, si puedes, vuelve a sorprenderte, a agradecer y a crear aquello que no se ve. Y da ejemplo. Así tus hijos darán por hecho que esta vida va de sorprenderse, de extasiarse, de respetar, de defender lo conseguido, de inventar, de crear (siempre).</p>
<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/dar-por-hecho/">Dar por hecho</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
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<p>Das por hecho que estás sano. Tal vez tienes algunos achaques pero quién no (piensas).</p>



<p>Das por hecho que vives en un país en paz, con unos derechos, con una sanidad pública, con educación pública, con derecho a vacaciones en verano. Te sabes tus derechos.Tienes biblioteca.</p>



<p>Tus hijos dan por hecho que pueden ir a la piscina en verano, tal vez hasta la tienen debajo de casa en eso que llaman ahora «la urba». A veces hasta te dicen que están ya muy cansados de piscina y tú montas en cólera.<br>¡¡¡¿Cómo?!! Si tú con suerte de pequeño fuiste a la piscina en contadas ocasiones y era el día más festivo del verano, casi igual que cuando te escapabas en bici al pantano.</p>



<p>Tus hijos dan por hecho que pueden elegir su ropa porque tienen para elegir, no como tú que tenías el vestido de los domingos y para de contar. Ese que te tenía que durar varias temporadas, que incluso se remendaba o se sacaba el bajo.</p>



<p>Tus hijos dan por hecho los lápices de colores, el colacao de cada mañana. Los helados. La calefacción. Netflix y Amazon. Tú recuerdas el brasero, la estufa de gas, la mesa camilla, Barrio Sésamo. La 1, porque La 2 no la trabajabas mucho.</p>



<p>Das por hecho que no vas a vivir entre basura, que tus calles van a estar limpias, que tienes bancos y farolas.</p>



<p>Das por hecho que te puedes duchar con agua clara. Tu madre acarreaba cántaros de agua para “bañarse” una vez a la semana. También llegó a lavar ropa en el arroyo. En serio.</p>



<p>También fregaba los suelos de rodillas. Das por hecho la fregona, qué absurdo ¿verdad?</p>



<p>Vivimos en la tiranía del dar por hecho.<br>Pero no. No, no. Nada es eterno, ni siquiera nosotras como diría Sol Aguirre de @lasclavesdesol.</p>



<p>Así que, si puedes, vuelve a sorprenderte, a agradecer y a crear aquello que no se ve. Y da ejemplo. Así tus hijos darán por hecho que esta vida va de sorprenderse, de extasiarse, de respetar, de defender lo conseguido, de inventar, de crear (siempre).</p>



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		<title>Halloween y E.T.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[solangev]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 Oct 2021 07:03:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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		<category><![CDATA[YaenCines]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hasta el moño de Halloween y las calabazas que llevo viendo desde el 1 de septiembre. Pero sobre todo de la estética sangrienta y violenta que se empeñan algunos que consumamos sin elección. Y digo sin elección, sí. Porque cuando en los escaparates de nuestras calles me ponen carniceros con sierra, cuerpos desmembrados y bichos espeluznantes, pierdo mi capacidad de decidir que veo con mis hijas cuando las llevo al colegio. «Qué tiquismiquis», dirán algunos. Pues sí. «Qué exagerada». Totalmente. Esto es un texto hipérbole. Pero pensemos algo&#8230; Nuestros niños de tres, cinco años o más, no tienen los referentes audiovisuales y cinematográficos que tenemos nosotros, no han vivido lo suficiente para distinguir realidad y esperpento ficcionado. Sus cerebros están limpios de imágenes sórdidas y así debería ser, digo yo, mucho tiempo. No quiero niños burbujas. Obviamente no. Sólo quiero niños y niñas. Y, entre unas cosas y otras, los que saben de esto (los profes) y los que lo estamos viviendo (los padres) confirman, confirmamos, que les estamos reduciendo la infancia. Acortando y limitando su niñez. Con las consecuencias que eso conlleva. No se trata de si ven en casa el juego del calamar o el del cangrejo de turno, siempre habrá algo. Se trata de que nos limitan a muchos padres a la hora de educar y criar. Nos imponen correr con explicaciones antes de que lo hagan otros con pantallas. Nos atosigan a preparar a nuestros hijos «no preparados» a que no se sobresalten con estímulos que no les corresponden. ¡Venga un brazo bien cortadito de adorno en la puerta de una guardería! (100% real) pero de la muerte del abuelo en casa ni hablar. ¿Os acordáis de E.T. El extraterrestre? Pues si él, que era un bicho feo y que vivía en una peli americana, se asustó la noche de Halloween, imaginad el efecto que ciertos disfraces producen en los más pequeños. Terrorífico. Os recomiendo una peli de terror: La tragedia de acortar la infancia. Dirigida y protagonizada por todos nosotros. Ya en cines. En gerundio también. &#160; &#160; &#160; &#160; Fotografía de Aljona Ovtsinnikova vía Pexels.</p>
<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/halloween-y-e-t/">Halloween y E.T.</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Hasta el moño de Halloween y las calabazas que llevo viendo desde el 1 de septiembre. Pero sobre todo de la estética sangrienta y violenta que se empeñan algunos que consumamos sin elección. Y digo sin elección, sí.<br />
Porque cuando en los escaparates de nuestras calles me ponen carniceros con sierra, cuerpos desmembrados y bichos espeluznantes, pierdo mi capacidad de decidir que veo con mis hijas cuando las llevo al colegio.</p>
<p>«Qué tiquismiquis», dirán algunos.<br />
Pues sí.<br />
«Qué exagerada».<br />
Totalmente. Esto es un texto hipérbole.</p>
<p>Pero pensemos algo&#8230; Nuestros niños de tres, cinco años o más, no tienen los referentes audiovisuales y cinematográficos que tenemos nosotros, no han vivido lo suficiente para distinguir realidad y esperpento ficcionado.<br />
Sus cerebros están limpios de imágenes sórdidas y así debería ser, digo yo, mucho tiempo.</p>
<p>No quiero niños burbujas. Obviamente no.<br />
Sólo quiero niños y niñas.<br />
Y, entre unas cosas y otras, los que saben de esto (los profes) y los que lo estamos viviendo (los padres) confirman, confirmamos, que les estamos reduciendo la infancia. Acortando y limitando su niñez. Con las consecuencias que eso conlleva.</p>
<p>No se trata de si ven en casa el juego del calamar o el del cangrejo de turno, siempre habrá algo. Se trata de que nos limitan a muchos padres a la hora de educar y criar. Nos imponen correr con explicaciones antes de que lo hagan otros con pantallas. Nos atosigan a preparar a nuestros hijos «no preparados» a que no se sobresalten con estímulos que no les corresponden.</p>
<p>¡Venga un brazo bien cortadito de adorno en la puerta de una guardería! (100% real) pero de la muerte del abuelo en casa ni hablar.</p>
<p>¿Os acordáis de E.T. El extraterrestre? Pues si él, que era un bicho feo y que vivía en una peli americana, se asustó la noche de Halloween, imaginad el efecto que ciertos disfraces producen en los más pequeños.<br />
Terrorífico.<br />
Os recomiendo una peli de terror:<br />
<em>La tragedia de acortar la infancia.</em><br />
Dirigida y protagonizada por todos nosotros. Ya en cines.</p>
<p>En gerundio también.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fotografía de Aljona Ovtsinnikova vía Pexels.</p>
<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/halloween-y-e-t/">Halloween y E.T.</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
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		<title>Sobre personas de plástico y zapatos rosa</title>
		<link>https://solangevernon.com/sobre-personas-de-plastico-y-zapatos-rosa/</link>
					<comments>https://solangevernon.com/sobre-personas-de-plastico-y-zapatos-rosa/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[solangev]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 Oct 2021 06:47:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[bailas]]></category>
		<category><![CDATA[belleza]]></category>
		<category><![CDATA[máquina de escribir]]></category>
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		<category><![CDATA[zapatos rosa]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tengo 42 años, unos zapatos rosas y muchas manías. Una de ellas es que no puedo con las personas de mentira. No las personas que dicen mentiras, no, porque ¿quién no las dice alguna vez? Sino esas otras que son como las flores de plástico: brillantes, relucientes y contaminantes. Esas personas que no se marchitan nunca, que no necesitan agua, ni nutrientes. Nada. Me aburren las personas de plástico y las capto al vuelo. Pero claro, es que como digo, tengo 42 años y algunos kilómetros de decepciones en vida analógica, que no en redes. Por eso me cansan los happyflower y esos que nos gritan mensajes de «todo es posible, si quieres puedes» y demás. Porque producen mucha frustración. Porque a veces quieres pero no puedes. Por mil cosas: porque no tienes los recursos o la suerte. Porque el viento no viene de cara. Porque no es el momento, porque no. Y punto. A ver, lógicamente, aquí en mi escaparate digital, pues no me apetece poner unos zapatos embarrados, porque mi objetivo es captar aquello que me eriza la piel y atraparlo en letras con más o menos acierto. Vamos, la búsqueda de la belleza en todas sus formas. Y no me refiero a la belleza física. Me refiero a la reivindicación de «lo bello». Porque ya es hora de reivindicar lo bello. Porque sí, me gustan las cosas bonitas y las personas bonitas. Y os aseguro que no es nada superficial. Por eso, me encanta esta foto que me ha hecho @conotramirada y ese ¿bailas? que bien podría ser mi primer y único tatuaje. Porque, no te equivoques, ese ¿bailas? no es postureo de positivismo a tope. NO. Porque ese ¿bailas? es obra de las chicas de la caja rosa de LuciaBE que, si bien en su dial radian amor y copas, saben también un rato de drama, de la vida con sus brillos y sus acabados mate, gris o «de merde». Vamos, lo mismito que tú y que yo. Por eso el ¿bailas? de hoy invita a bailar lo que te echen, como en las bodas, que te plantan el paquitochocolatero y los rollingstones la misma noche y&#8230; ahí estás, dándolo todo. Porque la vida a veces nos reta con un reggaeton y hasta a veces nos toca las campanas. Y a ver qué diantres vas a bailar ahí. Maldita la gana. Pero tarde o temprano te levantas y echas un pasito y luego el otro. O alguien te saca a bailar, tan solo haciendo ese gesto, ese gesto sublime y grande que es tender la mano&#8230; Pura belleza ¿no? Porque supongo que es de lo que va todo esto. De seguir, de seguir bailando con ritmo o sin él, de tender la mano, de taconear subida en unos zapatos rosas. De intentar, a veces, si nos dejan, reescribir la melodía. ¿Bailamos? &#160; &#160; Sobre la foto Fotógrafo: @Conotramirada Atrezzo: El suelo es una manta blanca llena de bolas. Calcetines tatuaje de las chicas de LuciaBe. Solo tengo uno, el otro&#8230; carrerón. La vida y Murphy en una chincheta. Máquina de escribir, fake total. Puro adorno, pero pura evocación de la belleza ¿no? Las flores, las de casa.</p>
<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/sobre-personas-de-plastico-y-zapatos-rosa/">Sobre personas de plástico y zapatos rosa</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Tengo 42 años, unos zapatos rosas y muchas manías.<br />
Una de ellas es que no puedo con las personas de mentira. No las personas que dicen mentiras, no, porque ¿quién no las dice alguna vez?<br />
Sino esas otras que son como las flores de plástico: brillantes, relucientes y contaminantes.<br />
Esas personas que no se marchitan nunca, que no necesitan agua, ni nutrientes. Nada.</p>
<p>Me aburren las personas de plástico y las capto al vuelo. Pero claro, es que como digo, tengo 42 años y algunos kilómetros de decepciones en vida analógica, que no en redes.<br />
Por eso me cansan los <em>happyflower</em> y esos que nos gritan mensajes de «todo es posible, si quieres puedes» y demás.<br />
Porque producen mucha frustración.</p>
<p>Porque a veces quieres pero no puedes. Por mil cosas: porque no tienes los recursos o la suerte. Porque el viento no viene de cara.</p>
<p>Porque no es el momento, porque no. Y punto.</p>
<p>A ver, lógicamente, aquí en mi escaparate digital, pues no me apetece poner unos zapatos embarrados, porque mi objetivo es captar aquello que me eriza la piel y atraparlo en letras con más o menos acierto. Vamos, la búsqueda de la belleza en todas sus formas. Y no me refiero a la belleza física.<br />
Me refiero a la reivindicación de «lo bello». Porque ya es hora de reivindicar lo bello.<br />
Porque sí, me gustan las cosas bonitas y las personas bonitas. Y os aseguro que no es nada superficial.<br />
Por eso, me encanta esta foto que me ha hecho <a href="https://www.instagram.com/conotramirada/?hl=en">@conotramirada</a> y ese <em>¿bailas?</em> que bien podría ser mi primer y único tatuaje.<br />
Porque, no te equivoques, ese <em>¿bailas?</em> no es postureo de positivismo a tope. NO.<br />
Porque ese ¿bailas? es obra de las chicas de la caja rosa de <a href="https://www.luciabe.com/">LuciaBE</a> que, si bien en su dial radian <em>amor y copas</em>, saben también un rato de drama, de la vida con sus brillos y sus acabados mate, gris o «de merde». Vamos, lo mismito que tú y que yo.<br />
Por eso el <em>¿bailas?</em> de hoy invita a bailar lo que te echen, como en las bodas, que te plantan el <em>paquitochocolatero</em> y los <em>rollingstones</em> la misma noche y&#8230; ahí estás, dándolo todo.<br />
Porque la vida a veces nos reta con un reggaeton y hasta a veces nos toca las campanas. Y a ver qué diantres vas a bailar ahí. Maldita la gana.</p>
<p>Pero tarde o temprano te levantas y echas un pasito y luego el otro. O alguien te saca a bailar, tan solo haciendo ese gesto, ese gesto sublime y grande que es tender la mano&#8230; Pura belleza ¿no?</p>
<p>Porque supongo que es de lo que va todo esto. De seguir, de seguir bailando con ritmo o sin él, de tender la mano, de taconear subida en unos zapatos rosas.<br />
De intentar, a veces, si nos dejan, reescribir la melodía.</p>
<p><em>¿Bailamos?</em></p>
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<p><strong>Sobre la foto</strong></p>
<p>Fotógrafo: @Conotramirada</p>
<p>Atrezzo: El suelo es una manta blanca llena de bolas.<br />
Calcetines tatuaje de las chicas de LuciaBe. Solo tengo uno, el otro&#8230; carrerón. La vida y Murphy en una chincheta.</p>
<p>Máquina de escribir, <em>fake</em> total. Puro adorno, pero pura evocación de la belleza ¿no?<br />
Las flores, las de casa.</p>
<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/sobre-personas-de-plastico-y-zapatos-rosa/">Sobre personas de plástico y zapatos rosa</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
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		<title>Bonito madrugón</title>
		<link>https://solangevernon.com/bonito-madrugon/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[solangev]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 08 May 2021 06:32:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cada uno tiene su propia definición del éxito o de lo que significa la plenitud. Me quedo con aquella que lo define como «estar (en cuerpo y alma) donde quieres estar». Llego derruida subida a mis tacones y a última hora del día a la librería Amapolas en Octubre. Da igual cuántas personas haya, muchas pocas o ninguna, siempre hay una palabra y una sonrisa. Me encuentro con la librera de éxito y de moda de los últimos tiempos, Laura, que es pura piel y alma. También es el final de su día, por eso su mirada está cansada pero mantiene la belleza de su chispa. Ese motor&#8230; Pienso en ella hoy y, como hago muchas veces al sentarme en una cafetería y mirar a las personas de alrededor, me imagino y me invento un poco su vida. Ayer viajó a dar una charla sobre su último libro a otra ciudad. La veo con su maleta minimal porque, no como yo, ella sí sabe hacer un buen equipaje, coger lo que necesita y ponerse en marcha. Sin mirar atrás. Ya lo ha hecho más veces. Imagino sus nervios antes del encuentro y ese momento de «¿está también soy yo?». Invento (y acierto seguro) su alegría con el abrazo a sus letras de tantos lectores. ¡Qué suerte! ¿Suerte? Suerte buscada y no de varita mágica porque  ella es su hada madrina y quien la agita de manera incansable. Porque la medida de su éxito, de su plenitud se mide en noches insomnes de escribir y horas de vuelo (muchas). Porque esto va de emborronar, mancharse, aterrizar y volver a despegar. Va de notas personales a muchos lectores. De caligrafía pura. Va de no hacer cajas literarias, sino el cofre del tesoro, va de elegir la palabra correcta para expresar todo lo que lleva dentro: detalle, mimo, toque personal. Y eso es esfuerzo. No es magia ni suerte. La magia viene después. Va de madrugones, como el de hoy. Sigo en mi cafetería&#8230; Me imagino que hoy ha madrugado para tomar un tren con alas de vuelta a Madrid y estar a tiempo para abrir su librería. Como cada día, porque ni en pandemia cerró. Porque nos cerraron la puerta pero la mujer valiente encontró la ventana. Imagino que ha pensado que podría dormir un poco, lo sábados en la librería son largos, pero no lo hace porque va leyendo, porque va ideando y soñando despierta nuevas historias. Su madrugón de hoy no va de vender más libros, sino del compromiso que siente con ella y los demás. De la plenitud buscada, de abrir despacio la puerta de su librería, aspirar su olor y hacer lo que quiso hacer. De encontrarse después con un personaje de su novela. Por eso a mí el madrugón para escribir este texto me ha sentado tan bien. Bonito madrugón ese que nos inspira a escribir y que invita a una librería.</p>
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<p>Cada uno tiene su propia definición del éxito o de lo que significa la plenitud.<br />
Me quedo con aquella que lo define como «estar (en cuerpo y alma) donde quieres estar».</p>
<p>Llego derruida subida a mis tacones y a última hora del día a la librería Amapolas en Octubre. Da igual cuántas personas haya, muchas pocas o ninguna, siempre hay una palabra y una sonrisa.</p>
<p>Me encuentro con la librera de éxito y de moda de los últimos tiempos, Laura, que es pura piel y alma. También es el final de su día, por eso su mirada está cansada pero mantiene la belleza de su chispa. Ese motor&#8230;</p>
<p>Pienso en ella hoy y, como hago muchas veces al sentarme en una cafetería y mirar a las personas de alrededor, me imagino y me invento un poco su vida.</p>
<p>Ayer viajó a dar una charla sobre su último libro a otra ciudad. La veo con su maleta <em>minimal</em> porque, no como yo, ella sí sabe hacer un buen equipaje, coger lo que necesita y ponerse en marcha. Sin mirar atrás. Ya lo ha hecho más veces.<br />
Imagino sus nervios antes del encuentro y ese momento de «¿está también soy yo?». Invento (y acierto seguro) su alegría con el abrazo a sus letras de tantos lectores.</p>
<p>¡Qué suerte!</p>
<p>¿Suerte? Suerte buscada y no de varita mágica porque  ella es su hada madrina y quien la agita de manera incansable.<br />
Porque la medida de su éxito, de su plenitud se mide en noches insomnes de escribir y horas de vuelo (muchas).<br />
Porque esto va de emborronar, mancharse, aterrizar y volver a despegar.<br />
Va de notas personales a muchos lectores. De caligrafía pura.<br />
Va de no hacer cajas literarias, sino el cofre del tesoro, va de elegir la palabra correcta para expresar todo lo que lleva dentro: detalle, mimo, toque personal. Y eso es esfuerzo. No es magia ni suerte. La magia viene después.<br />
Va de madrugones, como el de hoy.</p>
<p>Sigo en mi cafetería&#8230; Me imagino que hoy ha madrugado para tomar un tren con alas de vuelta a Madrid y estar a tiempo para abrir su librería. Como cada día, porque ni en pandemia cerró. Porque nos cerraron la puerta pero la mujer valiente encontró la ventana.<br />
Imagino que ha pensado que podría dormir un poco, lo sábados en la librería son largos, pero no lo hace porque va leyendo, porque va ideando y soñando despierta nuevas historias.</p>
<p>Su madrugón de hoy no va de vender más libros, sino del compromiso que siente con ella y los demás. De la plenitud buscada, de abrir despacio la puerta de su librería, aspirar su olor y hacer lo que quiso hacer. De encontrarse después con un personaje de su novela.</p>
<p>Por eso a mí el madrugón para escribir este texto me ha sentado tan bien.<br />
Bonito madrugón ese que nos inspira a escribir y que invita a una librería.</p>
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		<title>9 de marzo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[solangev]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Mar 2021 06:44:04 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Día 9 de marzo, hoy es el Día de la Mujer. Día 10, 11 y 12 de marzo. También. Todos los días. Hoy es el Día de María, Noa, Angelines, Laura, Sheila, Nuria, Leticia, Carmen, Ana, Inés, Domitila, Eva, Encarna, Soledad, Consuelo, Marcelina, Abril, Vega, Raquel y tantas. Y tantas. Y muchas más. Y muchas, MUCHAS que no están. Hoy el autobús verde de la EMT de Madrid que va a la periferia norte va lleno de mujeres, como todos los días. Mujeres cuidadoras, la mayoría de otros lugares, del Este, de Latinoamérica. Mujeres del mundo. Puedes montarte en ese autobús, observar y encontrar el título perfecto para ese libro que desvela (con datos empíricos ) la desigualdad del planeta titulado «Atlas de las mujeres del mundo». Son mujeres cuidadoras, limpiadoras&#8230; Vamos, el 80% de los cuidados de un país. Ese país que se escribe en femenino (también) y que hace que todo esto que ves, haya funcionado jodid*mente bien hoy. O que haya funcionado sin más. Aunque nos hayan emborronado un mural, aunque manchen los símbolos y las palabras. Hoy ese autobús ha permitido que Sandra se haya podido subir a sus tacones o que Celia se haya calzado sus deportivas y Victoria sus zuecos. En ese autobús a veces las acompañan niños pequeños, si es en el horario de las 7, ten por seguro que son sus hijos que, por algún motivo, no tienen cole o tienen que estar con ellas en su jornada de trabajo. No pasa mucho, pero pasa. Y ahí van, recibiendo instrucciones, totalmente somnolientos, porque llevan ya un buen rato de trayecto. Si es en el autobús azul, el de las cinco de la tarde o te las encuentras en el parque, no son sus hijos. Son los de los demás. Los demás que andamos trabajando. El engranaje perfecto. O no. No sé si Carmela iba en autobús o no hace 45 años cuando llegó a Madrid a limpiar casas o cómo escapó Purificación de un pueblo de La Mancha para trabajar en los hoteles de Alicante en la temporada de verano. Tampoco sé cómo hacía Antonia hace 60 años para amamantar los hijos de otros y mandar a sus hijas al colegio entre la nieve. Sí sé que por ellas, por su esfuerzo y su lucha sin colores y sin política estamos las demás aquí. Por sus madrugones, por sus manos con sabañones recogiendo la aceituna en invierno. Por sus faltas de ortografía, bellísimas faltas, esas que llevas en el corazón y que tendríamos que enmarcar para siempre, porque son patria y son raíces. Porque son las nuestras y encierran toda la sabiduría que necesitamos hoy: esa que no está en los libros, esa que está en la palabra oral transmitida de unas a otras. Benditas curiosas, benditas inquietas, benditas luchadoras. No sabían gritar &#8211; o no podían- no levantaban el puño en señal de lucha y cartel, pero sí apretaban manos y dientes y&#8230; venga, otro día más. A las calles. Por eso algunas de esas hijas, de esas madres y de esas abuelas hemos sido primera generación de universitarias o al menos hemos tenido la oportunidad. Otras ni eso. Porque aquellas que, a duras penas habían vislumbrado la escuela, no querían dejar más herencia que «una educación» y, «si se puede, que hagan una carrera». Porque ellas ya sabían de qué iba todo esto. Que toda la riqueza del mundo y toda la que nos podían dar no era en monedas que se gastan o nos roban. Porque sabían que con educación, tendríamos parte del camino menos cuesta arriba. Tendríamos dignidad y libertad. Libertad de elección. Porque tal vez no se trate de otra cosa, sino de conocer mucho para elegir bien o mal, pero elegir nosotras.</p>
<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/9-de-marzo/">9 de marzo</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Día 9 de marzo, hoy es el Día de la Mujer.<br />
Día 10, 11 y 12 de marzo. También.<br />
Todos los días.</p>
<p>Hoy es el Día de María, Noa, Angelines, Laura, Sheila, Nuria, Leticia, Carmen, Ana, Inés, Domitila, Eva, Encarna, Soledad, Consuelo, Marcelina, Abril, Vega, Raquel y tantas.</p>
<p>Y tantas. Y muchas más. Y muchas, MUCHAS que no están.<br />
Hoy el autobús verde de la EMT de Madrid que va a la periferia norte va lleno de mujeres, como todos los días.<br />
Mujeres cuidadoras, la mayoría de otros lugares, del Este, de Latinoamérica. Mujeres del mundo.<br />
Puedes montarte en ese autobús, observar y encontrar el título perfecto para ese libro que desvela (con datos empíricos ) la desigualdad del planeta titulado «Atlas de las mujeres del mundo».</p>
<p>Son mujeres cuidadoras, limpiadoras&#8230; Vamos, el 80% de los cuidados de un país. Ese país que se escribe en femenino (también) y que hace que todo esto que ves, haya funcionado jodid*mente bien hoy.<br />
O que haya funcionado sin más. Aunque nos hayan emborronado un mural, aunque manchen los símbolos y las palabras.</p>
<p>Hoy ese autobús ha permitido que Sandra se haya podido subir a sus tacones o que Celia se haya calzado sus deportivas y Victoria sus zuecos.</p>
<p>En ese autobús a veces las acompañan niños pequeños, si es en el horario de las 7, ten por seguro que son sus hijos que, por algún motivo, no tienen cole o tienen que estar con ellas en su jornada de trabajo. No pasa mucho, pero pasa. Y ahí van, recibiendo instrucciones, totalmente somnolientos, porque llevan ya un buen rato de trayecto.</p>
<p>Si es en el autobús azul, el de las cinco de la tarde o te las encuentras en el parque, no son sus hijos. Son los de los demás. Los demás que andamos trabajando. El engranaje perfecto. O no.</p>
<p>No sé si Carmela iba en autobús o no hace 45 años cuando llegó a Madrid a limpiar casas o cómo escapó Purificación de un pueblo de La Mancha para trabajar en los hoteles de Alicante en la temporada de verano. Tampoco sé cómo hacía Antonia hace 60 años para amamantar los hijos de otros y mandar a sus hijas al colegio entre la nieve.</p>
<p>Sí sé que por ellas, por su esfuerzo y su lucha sin colores y sin política estamos las demás aquí.</p>
<p>Por sus madrugones, por sus manos con sabañones recogiendo la aceituna en invierno. Por sus faltas de ortografía, bellísimas faltas, esas que llevas en el corazón y que tendríamos que enmarcar para siempre, porque son patria y son raíces.</p>
<p>Porque son las nuestras y encierran toda la sabiduría que necesitamos hoy: esa que no está en los libros, esa que está en la palabra oral transmitida de unas a otras.<br />
Benditas curiosas, benditas inquietas, benditas luchadoras.<br />
No sabían gritar &#8211; o no podían- no levantaban el puño en señal de lucha y cartel, pero sí apretaban manos y dientes y&#8230; venga, otro día más.<br />
A las calles.</p>
<p>Por eso algunas de esas hijas, de esas madres y de esas abuelas hemos sido primera generación de universitarias o al menos hemos tenido la oportunidad.<br />
Otras ni eso.<br />
Porque aquellas que, a duras penas habían vislumbrado la escuela, no querían dejar más herencia que «una educación» y, «si se puede, que hagan una carrera».<br />
Porque ellas ya sabían de qué iba todo esto. Que toda la riqueza del mundo y toda la que nos podían dar no era en monedas que se gastan o nos roban. Porque sabían que con educación, tendríamos parte del camino menos cuesta arriba.<br />
Tendríamos dignidad y libertad. Libertad de elección.<br />
Porque tal vez no se trate de otra cosa, sino de conocer mucho para elegir bien o mal, pero elegir nosotras.</p>
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		<title>Agotamiento e  intolerancias graves</title>
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		<dc:creator><![CDATA[solangev]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Nov 2020 07:42:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[#feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[#infancia]]></category>
		<category><![CDATA[intolerancia]]></category>
		<category><![CDATA[mascarillas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Con esto del coronavirus mis ya intolerancias graves se han exacerbado. Y lo peor es que he incorporado otras que me van a llevar de nuevo al alergólogo social para que certifique si son normales o si son cosas de la edad y qué más da- a-a-a-a. Os cuento las nuevas y las que me vienen de serie&#8230; Me agota el chico de traje que a las 7:30 de la mañana tooodos los días va Redbull en mano y cigarro. Nunca le vi mascarilla. Nowhere. Los que utilizan tapapapadas y van boca y fosas nasales al aire. Me cansa, MUCHO, aquella señora que se pone a hablar por el móvil en el autobús y se baja la mascarilla para que la oigamos bien. Me produce urticaria el grupete que se sienta al fondo, como si estuviéramos en una excursión del instituto, con su música del móvil, ahí bien alta, que la disfrutemos todos los viajeros, y juega al «a ver si no nos pilla el conductor quitándonos el accesorio de moda». No soporto aquellos que con la excusa del cigarro en la mano se pasan horas en una terraza en pelota picada. A cara descubierta. Tampoco me gustan aquellos que fuman en el coche con niños. Me cansan los grises. Esos que no te dan los buenos días ni las buenas tardes. Los que se quejan de todo y saben todo. Los que leen una frase en Internet y sientan dogma. Detesto las radiografías de cuerpo entero por la calle. Sin disimulo. ¿De verdad, todavía? Detesto que las chicas nos estemos avisando las unas a las otras cuando llegamos a casa. No me gusta sacar las llaves del portal antes de bajar del taxi y mirar dentro los ángulos oscuros. No me gusta llevar haciéndolo desde los 15 años. Y pensar que mis hijas lo harán. Me cansan los que dicen «yo no soy ni feminista ni machista». ¡A estas alturas! Me producen agotamiento los que no llevan bata blanca y van corriendo de un lado a otro empujando y moviendo papeles con aires de importancia. No puedo con los que destruyen la infancia y la acortan. No entiendo que llevemos no sé cuántas leyes educativas y que no importe. Me preocupa que la amargura se instale y genere más intolerancias. Y vosotros, ¿sufrís de alguna de ellas? &#160; &#160;</p>
<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/agotamiento-e-intolerancias-graves/">Agotamiento e  intolerancias graves</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Con esto del coronavirus mis ya intolerancias graves se han exacerbado. Y lo peor es que he incorporado otras que me van a llevar de nuevo al alergólogo social para que certifique si son normales o si son cosas de la edad y qué más da- a-a-a-a.</p>
<p>Os cuento las nuevas y las que me vienen de serie&#8230;</p>
<p>Me agota el chico de traje que a las 7:30 de la mañana tooodos los días va Redbull en mano y cigarro. Nunca le vi mascarilla. <em>Nowhere.</em><br />
Los que utilizan tapapapadas y van boca y fosas nasales al aire.</p>
<p>Me cansa, MUCHO, aquella señora que se pone a hablar por el móvil en el autobús y se baja la mascarilla para que la oigamos bien. Me produce urticaria el grupete que se sienta al fondo, como si estuviéramos en una excursión del instituto, con su música del móvil, ahí bien alta, que la disfrutemos todos los viajeros, y juega al «a ver si no nos pilla el conductor quitándonos el accesorio de moda».</p>
<p>No soporto aquellos que con la excusa del cigarro en la mano se pasan horas en una terraza en pelota picada. A cara descubierta.</p>
<p>Tampoco me gustan aquellos que fuman en el coche con niños.</p>
<p>Me cansan los grises. Esos que no te dan los buenos días ni las buenas tardes. Los que se quejan de todo y saben todo. Los que leen una frase en Internet y sientan dogma.</p>
<p>Detesto las radiografías de cuerpo entero por la calle. Sin disimulo. ¿De verdad, todavía?<br />
Detesto que las chicas nos estemos avisando las unas a las otras cuando llegamos a casa.<br />
No me gusta sacar las llaves del portal antes de bajar del taxi y mirar dentro los ángulos oscuros. No me gusta llevar haciéndolo desde los 15 años. Y pensar que mis hijas lo harán.<br />
Me cansan los que dicen «yo no soy ni feminista ni machista». ¡A estas alturas!</p>
<p>Me producen agotamiento los que no llevan bata blanca y van corriendo de un lado a otro empujando y moviendo papeles con aires de importancia.<br />
No puedo con los que destruyen la infancia y la acortan.<br />
No entiendo que llevemos no sé cuántas leyes educativas y que no importe.</p>
<p>Me preocupa que la amargura se instale y genere más intolerancias.<br />
Y vosotros, ¿sufrís de alguna de ellas?</p>
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<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/agotamiento-e-intolerancias-graves/">Agotamiento e  intolerancias graves</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
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		<title>Chicas, no busquéis más medias naranjas</title>
		<link>https://solangevernon.com/chicas-no-busqueis-mas-medias-naranjas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[solangev]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Nov 2020 18:21:59 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>A raíz del anuncio de alguna peli o serie de amor romántico, que me puso los pelos como escarpias, -ya no recuerdo cuál-, iba a escribir sobre la absurda idea de las medias naranjas. Pero de camino al teclado me encontré con Jesús Terrés en mi estantería y dejé de escribir. Porque si ya está dicho con tanta maestría, para qué voy yo a intentar inventar la pólvora, si encontré los fuegos artificiales. Vamos, que a continuación se resume todo lo que quiero decirles a mis hijas sobre este asunto. Aquí lo tenéis por si os sirve para vuestros hijos o para vosotros mismos. Chicas, no busquéis más medias naranjas. «No busques más medias naranjas. Son un coñazo. Siempre querrán (o peor, necesitarán) algo de su «otra mitad». Su vida está incompleta, ya sabes. Busca naranjas enteras. Un tío (apunta esto) que no te necesite. Que tan sólo te desee, te admire y te respete. Alguien para quien no seas el final de la juerga sino el comienzo de la aventura”. Cuando te topas con textos certeros como este, con chispas breves pero sencillas, es necesario compartir a lo bestia. Por eso parafraseo, nombrando, por supuesto, a aquellos que me han regalado algún momento de coger lápiz y subrayar como loca o de hacer una foto con el móvil a una frase si no llevo para apuntar. Les nombro y rezo en voz alta, para que conste en acta, para que todo el mundo los lea y lean. Leed a Jesús Terrés. Sin duda estas palabras sirven tanto para ellas como para ellos, aunque es cierto que es a las mujeres a las que más nos han metido en vena aquello del amor romántico, mientras que a ellos aún se les da el pésame con jolgorio cuando se casan. Para reflexionar también. ¿No creéis? &#160; &#160; &#160; &#160; Foto de cottonbro en Pexels</p>
<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/chicas-no-busqueis-mas-medias-naranjas/">Chicas, no busquéis más medias naranjas</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>A raíz del anuncio de alguna peli o serie de amor romántico, que me puso los pelos como escarpias, -ya no recuerdo cuál-, iba a escribir sobre la absurda idea de las medias naranjas. Pero de camino al teclado me encontré con Jesús Terrés en mi estantería y dejé de escribir.<br />
Porque si ya está dicho con tanta maestría, para qué voy yo a intentar inventar la pólvora, si encontré los fuegos artificiales.<br />
Vamos, que a continuación se resume todo lo que quiero decirles a mis hijas sobre este asunto. Aquí lo tenéis por si os sirve para vuestros hijos o para vosotros mismos.<br />
Chicas, no busquéis más medias naranjas.</p>
<p><em>«No busques más medias naranjas. Son un coñazo. Siempre querrán (o peor, necesitarán) algo de su «otra mitad». Su vida está incompleta, ya sabes. </em><br />
<em>Busca naranjas enteras. Un tío (apunta esto) que no te necesite. Que tan sólo te desee, te admire y te respete. Alguien para quien no seas el final de la juerga sino el comienzo de la aventura”.</em></p>
<p>Cuando te topas con textos certeros como este, con chispas breves pero sencillas, es necesario compartir a lo bestia. Por eso parafraseo, nombrando, por supuesto, a aquellos que me han regalado algún momento de coger lápiz y subrayar como loca o de hacer una foto con el móvil a una frase si no llevo para apuntar.<br />
Les nombro y rezo en voz alta, para que conste en acta, para que todo el mundo los lea y lean. Leed a <a href="https://jesusterres.com/">Jesús Terrés</a>.</p>
<p>Sin duda estas palabras sirven tanto para ellas como para ellos, aunque es cierto que es a las mujeres a las que más nos han metido en vena aquello del amor romántico, mientras que a ellos aún se les da el pésame con jolgorio cuando se casan. Para reflexionar también. ¿No creéis?</p>
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<p>Foto de <strong><a href="https://www.pexels.com/es-es/@cottonbro?utm_content=attributionCopyText&amp;utm_medium=referral&amp;utm_source=pexels">cottonbro</a></strong> en <strong><a href="https://www.pexels.com/es-es/foto/sano-amarillo-frutas-blanco-3737617/?utm_content=attributionCopyText&amp;utm_medium=referral&amp;utm_source=pexels">Pexels</a></strong></p>
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		<title>Sabores de primeros de noviembre</title>
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		<dc:creator><![CDATA[solangev]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Nov 2020 08:35:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Para mí y seguro que para muchos de vosotros, Halloween y las calabazas adornadas, las tazas humeantes, los jerséis mullidos y ese color cálido y ocre son unos recién llegados a nuestros noviembres. Muchos recordamos la preparación de ese primero de noviembre, si había suerte, con huesos de santo y buñuelos, pero sobre todo con la humedad incómoda de las botas y la muerte. Con el olor característico de los crisantemos, repudiados más allá de estos días. Esas velas que titubean en la madrugada del 1 de noviembre, sin truco, ni trato alguno que pueda traernos a los que no están. Muchas velas, demasiadas este año. Puedes aprehender ese olor a primero de noviembre del que hablo, si cuando escuchas en un pueblo de La Mancha que alguien necesita un pincel, sabes que es para las letras de las lápidas y no para plasmar sus dotes artísticas. Sabes que noviembre acecha cuando tus mayores te llaman semanas antes para cumplir el deber sagrado de dar color con flores y limpieza al cementerio. Y te quejas. Y ojalá pudieras quejarte este año, porque tal vez no has recibido esa llamada o ni siquiera podrás ir a quitar hojarasca y sentir el frío en tus pies. Podemos abrazar nuevas celebraciones, pero sin olvidar todo aquello que nos trajo hasta aquí. Podemos convertir noviembre en una nostalgia bonita y naranja.  Pero sin olvidar todos sus sabores y olores. Porque noviembre sabe a castañas y manzanas asadas. Huele a leña. A sopas de ajo. A luna de noviembre, que no de miel, en París, Estambul o Sevilla. A cumpleaños de 94 vueltas al sol. A calabaza y hojas secas bajo los pies. Sabe a luto y tristeza. Es cementerio y flores de plástico. No hay chuches. Así que&#8230; Regalemos flores en vida.</p>
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<div dir="auto">Para mí y seguro que para muchos de vosotros, Halloween y las calabazas adornadas, las tazas humeantes, los jerséis mullidos y ese color cálido y ocre son unos recién llegados a nuestros noviembres.</div>
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<div dir="auto">Muchos recordamos la preparación de ese primero de noviembre, si había suerte, con huesos de santo y buñuelos, pero sobre todo con la humedad incómoda de las botas y la muerte.</div>
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<div dir="auto">Puedes aprehender ese olor a primero de noviembre del que hablo, si cuando escuchas en un pueblo de La Mancha que alguien necesita un pincel, sabes que es para las letras de las lápidas y no para plasmar sus dotes artísticas.</div>
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<div dir="auto">Sabes que noviembre acecha cuando tus mayores te llaman semanas antes para cumplir el deber sagrado de dar color con flores y limpieza al cementerio. Y te quejas. Y ojalá pudieras quejarte este año, porque tal vez no has recibido esa llamada o ni siquiera podrás ir a quitar hojarasca y sentir el frío en tus pies.</div>
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<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/sabores-de-primeros-de-noviembre/">Sabores de primeros de noviembre</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
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		<title>Game over</title>
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		<dc:creator><![CDATA[solangev]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 28 Sep 2020 21:57:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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		<category><![CDATA[clasepolitica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“En una vida de un solo uso, no hay segundas oportunidades”. Robo esta frase del último libro que acabo de terminar. En la Tierra somos fugazmente grandiosos. Lo cierro, mientras Gobierno Central y Comunidad de Madrid siguen discutiendo sobre lo que hay que hacer. Sobre lo que los madrileños tenemos que hacer. Game over, señores. Estoy cansada. Me propuse una dieta detox de sandeces políticas y no leer periódicos ni ver las noticias. Pero me llama Angelines. Siempre certera y oportuna. “Tienes que leer lo que han escrito Muñoz Molina y Elvira Lindo”, me dice. Y yo que soy muy obediente y escucho a la gente con criterio -no hay mucha en estos tiempos que corren-, hago caso y leo con fruición primero el artículo titulado, La otra pandemia y, después, Justos por pecadores, de Antonio y Elvira, respectivamente. Miro con pena todas las letras y las palabras que tengo desparramadas en mi mesa desde hace días y que no he sabido colocar. Algunas me miran frustradas, otras escupiendo veneno y otras ahogando un grito desesperado. Respiro aliviada porque estos escritores sí han podido traducir mi barullo mental y, de paso, ordenar mi mesa. Decido convertirme en Robin Hood y robarles a los ricos en palabras, parte de su botín. Porque es necesario repartir, desperdigar y compartir, con los que somos más pobres, sus frases, su indignación, su denuncia… Porque son la mía. Porque son la nuestra. La de muchos españoles y muchos madrileños. Les robo con todo el morro -como hacen otros, en otros menesteres- la diferencia es que yo les arrebato palabras para expresar mi desaliento y mi cabreo infinito porque “qué podemos hacer los ciudadanos normales, los no contagiados de odio, los que quisiéramos ver la vida política regida por los mismos principios de pragmatismo y concordia por los que casi todo el mundo se guía en la vida diaria”. Nosotros, los ciudadanos de bien “nos ponemos la mascarilla, guardamos distancias, salimos poco, nos lavamos las manos, hacemos nuestro trabajo lo mejor que podemos”. Pero nos ha tocado una clase política “que en su conjunto, en la realidad cotidiana de su funcionamiento, se ha convertido en un obstáculo no ya para la convivencia civilizada, sino para la sostenibilidad misma del país”. Estoy harta de escuchar a un bando y a otro. Quiero escuchar de una vez a los que saben. A los que se están dejando la piel en los hospitales, a nuestros científicos. A mi amiga Laura. A los pocos que han dejado ustedes aquí con contratos de mierda, siendo becarios con 40 años. No tengan la desfachatez de darnos fechas de cuándo va a estar disponible la vacuna. ¿Acaso no saben lo que es la investigación, acaso no saben lo que es hacer ciencia? ¡Cómo lo van a saber si no les ha interesado NUNCA! Mientras tanto, a inaugurar un dispensador de gel hidroalcohólico en una estación de metro y a convocar a nuestros científicos a un encuentro en octubre. Ya si eso. Continuo con mi hurto. Ahora tomo las letras de Elvira Lindo que se maravilla impecable de cómo hay cierta panda de ciudadanos que “no observan la más mínima consideración hacia ese otro Madrid al que acaban de mandar al encierro. Yo qué sé, un decoro, una contención en el nivel de juerga que denote cierta solidaridad”. Esos no pueden llamarse a sí mismos madrileños. Porque Madrid es generosidad. Y si los madrileños de verdad “no hacemos algo más, esta gente va a hundirnos a todos”. Déjennos de una vez ser fugazmente grandiosos y ustedes dejen de ser eternamente […]. Me quedé sin palabras. Gracias Muñoz Molina y Lindo por ordenar mi mesa. &#160;</p>
<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/game-over/">Game over</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><em>“En una vida de un solo uso, no hay segundas oportunidades”.</em></p>
<p>Robo esta frase del último libro que acabo de terminar. <a href="https://www.amazon.com/fugazmente-grandiosos-Panorama-narrativas-Spanish-ebook/dp/B082YJM5P7">En la Tierra somos fugazmente grandiosos</a>.</p>
<p>Lo cierro, mientras Gobierno Central y Comunidad de Madrid siguen discutiendo sobre lo que hay que hacer. Sobre lo que los madrileños tenemos que hacer.</p>
<p><em>Game over</em>, señores.</p>
<p>Estoy cansada.</p>
<p>Me propuse una dieta <em>detox</em> de sandeces políticas y no leer periódicos ni ver las noticias. Pero me llama Angelines. Siempre certera y oportuna. “Tienes que leer lo que han escrito <a href="https://elpais.com/opinion/2020-09-26/la-otra-pandemia.html">Muñoz Molina</a> y <a href="https://elpais.com/opinion/2020-09-26/justos-por-pecadores.html">Elvira Lindo</a>”, me dice.</p>
<p>Y yo que soy muy obediente y escucho a la gente con criterio -no hay mucha en estos tiempos que corren-, hago caso y leo con fruición primero el artículo titulado, <a href="https://elpais.com/opinion/2020-09-26/la-otra-pandemia.html">La otra pandemia</a> y, después, <a href="https://elpais.com/opinion/2020-09-26/justos-por-pecadores.html">Justos por pecadores</a>, de Antonio y Elvira, respectivamente.</p>
<p>Miro con pena todas las letras y las palabras que tengo desparramadas en mi mesa desde hace días y que no he sabido colocar. Algunas me miran frustradas, otras escupiendo veneno y otras ahogando un grito desesperado. Respiro aliviada porque estos escritores sí han podido traducir mi barullo mental y, de paso, ordenar mi mesa.</p>
<p>Decido convertirme en Robin Hood y robarles a los ricos en palabras, parte de su botín. Porque es necesario repartir, desperdigar y compartir, con los que somos más pobres, sus frases, su indignación, su denuncia… Porque son la mía. Porque son la nuestra. La de muchos españoles y muchos madrileños.</p>
<p>Les robo con todo el morro -como hacen otros, en otros menesteres- la diferencia es que yo les arrebato palabras para expresar mi desaliento y mi cabreo infinito porque “qué podemos hacer los ciudadanos normales, los no contagiados de odio, los que quisiéramos ver la vida política regida por los mismos principios de pragmatismo y concordia por los que casi todo el mundo se guía en la vida diaria”. Nosotros, los ciudadanos de bien “nos ponemos la mascarilla, guardamos distancias, salimos poco, nos lavamos las manos, hacemos nuestro trabajo lo mejor que podemos”.</p>
<p>Pero nos ha tocado una clase política “que en su conjunto, en la realidad cotidiana de su funcionamiento, se ha convertido en un obstáculo no ya para la convivencia civilizada, sino para la sostenibilidad misma del país”.</p>
<p>Estoy harta de escuchar a un bando y a otro. Quiero escuchar de una vez a los que saben. A los que se están dejando la piel en los hospitales, a nuestros científicos. A mi amiga Laura. A los pocos que han dejado ustedes aquí con contratos de mierda, siendo becarios con 40 años. No tengan la desfachatez de darnos fechas de cuándo va a estar disponible la vacuna. ¿Acaso no saben lo que es la investigación, acaso no saben lo que es hacer ciencia? ¡Cómo lo van a saber si no les ha interesado NUNCA!</p>
<p>Mientras tanto, a inaugurar un dispensador de gel hidroalcohólico en una estación de metro y a convocar a nuestros científicos a un encuentro en octubre. Ya si eso.</p>
<p>Continuo con mi hurto. Ahora tomo las letras de Elvira Lindo que se maravilla impecable de cómo hay cierta panda de ciudadanos que “no observan la más mínima consideración hacia ese otro Madrid al que acaban de mandar al encierro. Yo qué sé, un decoro, una contención en el nivel de juerga que denote cierta solidaridad”. Esos no pueden llamarse a sí mismos madrileños. Porque Madrid es generosidad.</p>
<p>Y si los madrileños de verdad “no hacemos algo más, esta gente va a hundirnos a todos”.</p>
<p>Déjennos de una vez ser fugazmente grandiosos y ustedes dejen de ser eternamente […]. Me quedé sin palabras.</p>
<p>Gracias Muñoz Molina y Lindo por ordenar mi mesa.</p>
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<p>La entrada <a href="https://solangevernon.com/game-over/">Game over</a> se publicó primero en <a href="https://solangevernon.com">Solange Vernon</a>.</p>
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